Nicaragua, revolución, 19 de julio, Gioconda Belli

Poetas nicaragüenses: “A 42 años del triunfo de la revolución, luchamos otra vez contra una dictadura”

*Gioconda Belli y Daysi Zamora son dos prominentes autoras nicaragüenses que participaron activamente en la insurrección y revolución sandinista. Recuerdan a los líderes caídos y hacen balance de los ideales de un tiempo perdido.


Expediente Público

“Lo que ha pasado en Nicaragua es una traición a los ideales de la revolución. Fuimos jóvenes y estuvimos dispuestos a dar la vida, mucha gente dio su vida por la revolución; esas personas, esos muertos deben estar revolviéndose en sus tumbas viendo cómo se ha falseado toda la idea, ética y principios de la revolución sandinista”, expresa la escritora y poeta Gioconda Belli en entrevista con Expediente Público.

“Lo que se conoce hoy como Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) no tiene que ver absolutamente nada con el Frente Sandinista al cual me integré y con el cual crecí políticamente, del cual tenía mucho orgullo porque lo mejor de la juventud nicaragüense de mi generación estuvo en él, los jóvenes más conscientes, más valientes, más generosos, los y las jóvenes que eran lo mejor de la sociedad en cuanto a servicio para su pueblo”, dice Daisy Zamora a Expediente Público

Conocida internacionalmente por su novela La mujer habitada, Belli afirma que actualmente no hay una revolución, sino una dictadura: “lo mismo que pasaba cuando luchábamos contra Somoza está pasando en Nicaragua”. 

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“Hay tanta gente que se atrevió a pedir un cambio a que no se podía seguir de la misma manera con Daniel Ortega y Rosario Murillo atornillados al poder, incapaces de aceptar que su pueblo no los quiere”, manifiesta. 

“Nunca pensé vivir un 19 de julio donde tuviera que decir que Hugo Torres y Dora María Téllez estuvieran presos y el carcelero sea Daniel Ortega”, recalca la autora nicaragüense. 

Belli, que se integró al FSLN en 1970 y se ha inspirado en la insurrección para escribir, sostiene que “la revolución no existe ya, terminó en 1990, la terminó la piñata, por la manera que Daniel Ortega purgó a los cargos que querían un cambio, un Frente Sandinista más democrático, una oposición más constructiva. Lo que queda de la revolución es el artificio”. 

La ganadora del Premio Casa de las Américas en 1978 expresa que “no supimos hacer esa revolución, esa es la verdad, hay que reconocerlo, fuimos muy complaciente con las órdenes que recibíamos, creímos mucho en la disciplina militante y en todo ese dogmatismo, aunque mirábamos que las cosas no iban bien no nos atrevíamos a decir estas cosas porque estabas en la guerra con la Contra y el que se atrevía a criticar era considerado que estaba del mismo lado”.

“A 42 años del triunfo de la revolución popular sandinista, estamos otra vez en dictadura y luchamos otra vez contra una dictadura”, precisa Belli.

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Dirigentes históricos en oposición 

“Los que quedaron en la Dirección Nacional del FSLN en 1979 eran mandos medios de la organización, los que verdaderamente habían sido pensadores murieron; también murieron los que tenían liderazgo natural como la gente de clase trabajadora, campesinos, gente que había sufrido la explotación y la pobreza”, explica Zamora.

Belli también coincide en esta valoración.  

En la lucha contra la dictadura murieron casi la totalidad de los integrantes de la Dirección Nacional, recuerda: “la gente más brillante, la más arriesgada, con más liderazgo como Óscar Turcios, Ricardo Morales Avilés, Eduardo Contreras, Óscar Pérez-Cassar, eran los más preparados, más claros de lo que se tenía que hacer, cuando se toma el poder no quedan unos cuantos cuadros con esta trayectoria y capacidad”.

Zamora menciona a otros dirigentes que murieron antes del triunfo el 19 de julio de 1979, como Germán Pomares, Iván Montenegro y Aracely Pérez. También recuerda que muchos sobrevivientes de la insurrección quedaron marginados, “hubo maniobras por el poder, los compañeros que señalaban las cosas que iban mal fueron desplazados”.

El Frente Sandinista en los 90 se dividió por las prácticas de Ortega de querer tener el partido bajo su mando, rememora Belli.

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En los últimos aniversarios Ortega no ha estada acompañado de la mayoría de los nueve comandantes que rigieron el FSLN en la década de los ochenta, ni siquiera de su hermano Humberto Ortega.

De los nueve comandantes de los ochenta han muerto Carlos Núñez (1990) y Tomás Borge (2012), solo Bayardo Arce permanece en las filas del FSLN y los otros cinco se han separado o son disidentes: Humberto Ortega, Jaime Wheelock, Luis Carrión, Henry Ruiz y Víctor Tirado.  

Otros líderes históricos sandinistas en la oposición son el exvicepresidente Sergio Ramírez, los exguerrilleros Agustín Lara y Manuel Morales. “La lista es muy larga”, dice Belli. 

Entre estos exguerrilleros históricos y líderes sandinistas están también tres actuales presos políticos del régimen: Víctor Hugo Tinoco, Dora María Téllez y Hugo Torres, este último se destaca porque en 1974 participó en el comando que ocupó la casa del funcionario somocista José María “Chema” Castillo, que llevó a la liberación de los encarcelados políticos, entre ellos, Daniel Ortega.

Para entonces Ortega no era el “gran líder” que aparece en los primeros diez años de la revolución sandinista, pues había una dirección colectiva de nueve personas; “la idea era que el partido iba a transformar la sociedad, a él se le entregó el Estado pensando que se trataba más de un puesto burocrático en la Junta de Gobierno”, admite Belli.

Con las elecciones de 1984 Ortega tomó un gran perfil porque era el representante de Nicaragua en plena guerra con la Contra y eso era una noticia internacional. “Puede ser que Ortega extrañe ese tiempo cuando se enfrentó el país como David contra Goliath contra Estados Unidos, me parece irónico que siga porque no era el más brillante de todos ellos, pero si el más intrigante”, reflexiona Belli.

La escritora también cree que una combinación de cosas los convirtió en lo que son ahora. En primer lugar, una visión mesiánica de ellos mismos. “Cuando Ortega se vio solo, sin una dirección colectiva, volvió a una visión equivocada de la historia y no descubrió que el mundo había cambiado. Con maniobras y concepciones volvió al poder, ha usado la manipulación religiosa, por ejemplo, antiética, así como la manipulación del dinero de Venezuela, la hipocresía de un partido con muchos líderes millonarios”, analiza Belli. 

Tras perder las elecciones en 1990 frente a Violeta Barrios de Chamorro, Ortega con el FSLN desde la oposición practicó asonadas, huelgas, quema de entidades estatales y cualquier tipo de actos de inestabilidad social como presión a los gobiernos hasta 2006. En 2007, el sandinista logró regresar al gobierno de Nicaragua en el que se ha mantenido a través de cuestionadas elecciones, porque la oposición ha denunciado que fueron fraudulentas.

Desde abril del 2018 el país centroamericano está sumido en una profunda crisis social, política y económica provocada por la brutal represión que la Policía junto a grupos paramilitares, bajo el control de régimen, cometieron a las manifestaciones antigubernamentales. Un saldo de al menos 328 asesinatos, violaciones, ejecuciones extrajudiciales y otras graves violaciones a los derechos humanos fueron documentados por organismos como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y Naciones Unidas.

En 2021 se celebrarán elecciones para presidente, vicepresidente y diputados. Las tácticas de represión se intensificaron por parte del régimen. Seis precandidatos presidenciales opositores están detenidos, entre ellos Cristiana Chamorro Barrios, quien figuraba con las mayores posibilidades de vencer a Ortega en los comicios del próximo 7 de noviembre. La Fiscalía, controlada por el régimen, acusó a Cristiana Chamorro de supuesto lavado de dinero y activos a través de la extinta Fundación Violeta Barrios de Chamorro (FVBCH), y se le impuso 90 días de casa por cárcel mientras continúan las investigaciones.

A los otros cinco aspirantes presidenciales también se les encarceló por 90 días acusados de promover accesiones de injerencia extranjera al promover sanciones al régimen sandinista por las violaciones a los derechos humanos. Pero desde finales de mayo a principios de julio, suman 26 líderes de la oposición encarcelados por los mismos cargos, entre ellos estudiantes, campesinos, empresarios así como periodistas.

“Debemos aprender que los cambios son graduales, debemos construir sistemas bien formados, con instituciones fuertes, con justicia, con gente que no se venda ni sea corrupta, con un parlamento que no responsa como una sola persona a una sola orden de arriba, personas con criterios y capacidades”, reitera Belli. 

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Caricatura de la revolución 

Zamora, Premio Nacional de Poesía Mariano Fiallos Gil (1977), recuerda que “lo que nos inspiraba era la mística, pero ahí entraba de todo. ¿Murillo quién era? Era una hippie que vivía en la Tortuga Morada y el Sapo Triste, andaba en la onda con su marihuana y se metía al Frente Sandinista porque todo el chavalero quería ser del FSLN, porque cuando uno es joven busca la aventura. Mucha gente no tenía una conciencia política desarrollada. Ahora han hecho mitos de muchas personas de lo que nunca fueron”.

“Integrar el Frente Sandinista significaba que renunciabas a tu propia vida, creo que Ricardo Morales Avilés dijo que era como un club exclusivo donde a la entrada al colgar tu chaqueta colgabas tu vida, ya sabías que al entrar en ese club dejabas tu vida, no era cualquiera el que tenía ese espíritu de entrega”, recuerda la autora de Cómo te ve tu hombre

“Este Frente Sandinista no es eso para nada, esto es una caricatura cruel y tristísima de lo que fue. Ortega y Murillo han enlodado el nombre de Sandino y el sandinismo, este aniversario no tiene ningún significado, porque ellos son los traidores a todos los sueños que tuvo mi generación. No es ningún aniversario para celebrar, es un aniversario para lamentarnos de todo lo que ha sido traicionado, por lograr al fin esta generación lo que mi generación soñó a hacer y fue traicionada”, agrega. 

“El país ha entrado en una lógica irracional por todas las excentricidades y locuras de Murillo, hace dos años escribí un artículo El país chinamo, manicomio y campo de concentración, donde señalo que la vicepresidenta le ha impreso un sello muy particular a este régimen”, concluye Zamora.