Derechos Humanos, Perfiles

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Padre Abea: “Me siento parte del Movimiento Campesino”

Aunque está exiliado en Tegucigalpa su mirada está llena de fe y convicción en que en Nicaragua se dará un cambio sustancial. Es Carlos Abea, el sacerdote forzado por la Policía a salir de este país tras acompañar durante tres meses en los tranques al Consejo del Movimiento Campesino en Nueva Guinea, que se manifestó contra la Ley 8-40, exigiendo su derecho a la tierra y a un país libre y en democracia.

“Era un ambiente convulsionado desde antes, y los acontecimientos del 18 de abril del 2018 vinieron a rebalsar el cántaro”,recuerda. El padre Abea pertenece a la congregación Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, que lleva más de 30 años presente en ese país que conmemora un año del estallido social.

“Ya había un malestar social porque todo aquel que se expresaba era perseguido y encarcelado, lo que generó un levantamiento pacífico de la ciudadanía. Una de nuestras primeras acciones fue velar para que se respetase la vida de las personas”, expone.

Para este sacerdote católico la Ley 8-40 “” Agrega que una ley que no ha sido consensuada no es ley, o puede llegar a serla solo porque se apruebe en una asamblea de diputados que desconocen la realidad, que buscan intereses partidarios y personales. Los gobiernos suelen adornar y maquillar este tipo de proyectos, diciendo que será un beneficio para el desarrollo de la nación, pero realmente no es así.

La iglesia debe estar con el pueblo en sus alegrías y tristezas

Según el padre Abea, la amenaza al campesinado lo hizo indignarse y adherirse a su lucha. “No puede ser que uno permanezca indiferente ante este tipo de cosas, indigna como persona y como creyente. El campesino vive de la tierra, entonces es injusto que vayan a confiscar lo que tanto les ha costado”.

El sacerdote analiza que, por la capacidad de organizarse, el Movimiento Campesino es un estorbo para el Gobierno. “Se manifestaron y llevaron a diversas instancias su lucha, pero la dificultad es que solo se le escucha al rico y al pobre se le excluye”.

De acuerdo con el religioso, su congregación ha tenido una cercanía con el campesinado por su presencia en  el territorio y  porque el acompañamiento siempre ha sido integral desde la formación humana y espiritual.

“La iglesia debe estar con el pueblo en sus alegrías y tristezas y unirse a este tipo de lucha. Esto es evangélico porque está en el camino de la justicia y de los derechos de las personas, de los pueblos, y la tierra es un bien que Dios nos ha dado”.

Su acompañamiento en el tranque fue “para ayudar a resolver los conflictos y gracias a Dios que no tuvimos pérdidas humanas hasta que se llegó a firmar el acuerdo de que ambos tranques se quitaran”, recuerda. Añade que cuando el diálogo es transparente y honesto, busca el bien en ambas partes.

La Policía lo declaró “Non grato”

El padre Abea explica su vivencia en el tranque: “Sentí una paz en mi interior, estaba consciente de lo que estaba haciendo y estoy convencido que el deber de la Iglesia es acompañar y estar con el pueblo, especialmente con el que sufre. No me arrepiento porque fue la opción de Jesús que yo hice al hacerme religioso. Me siento satisfecho porque creo que fue un momento para vivir de manera más encarnada el Evangelio y saber interpretar y estar al lado de las víctimas”.

Refiere que el obispo Pablo Smith consideró que el Consejo del Movimiento Campesino tenía derecho a participaren el diálogo con el régimen para negociar una salida política a la crisis, por ser uno de los actores sociales con mayor credibilidad y presencia en Nicaragua. “Llevamos la solicitud con Medardo, Pedro y Nemesio, para ser incorporados”.

Cuenta que una semana después de que se firmó el acuerdo para desmontar los tranques, la Policía  y el Obispo se presentaron. La primera le dijo al miembro de la Conferencia Episcopal que no miraba bien la presencia del padre Abea debido a que había acompañado a los campesinos y le pidieron que lo sacara de la Diócesis y de Nueva Guinea.

“El Obispo les preguntó –añade-- cuál era el riesgo que podría enfrentar si yo no era sacado de allí, a lo que le dijeron: no respondemos por la integridad física del padre. Con base a eso el prelado tomó la determinación de enviarme a otro país con el propósito de que no corriera peligro”.

La lucha de los tranques nunca fue violenta

Para el sacerdote, fue un episodio tenso. La comunidad se reunió con los líderes del Movimiento Campesino y con los de la Iglesia Evangélica, para cuestionar la arbitrariedad de su salida, y concluyeron que ese precedente daba a entender que el Gobierno es el que impone. “Esa decisión fue un poco difícil porque ya tengo 50 años y creo a esta edad tenemos derecho a elegir, pero no tuve la opción de asumir ese riesgo. Se vienen muchos sentimientos, cuesta al inicio comprender, pero también uno tiene la gracia de tener un proceso de discernimiento y de reflexión”, agrega.

Creo que cuando se viven las palabras de nuestro santo centroamericano,  monseñor Arnulfo Romero, que decía que una Iglesia perseguida significa que está dando muestra de consecuencia con el Evangelio, esto  trae dificultades, pero hay que asumirlas. En este sentido me siento tranquilo porque lo hice como parte de mi opción, hacer lo contrario sería negar mi identidad religiosa.

La parroquia de Nueva Guinea la conforman campesinos. Nuestros líderes son ministros de la palabra, catequistas, hombres y mujeres de fe que siempre han estado comprometidos, cercanos a la iglesia y su lucha ha sido desde el Evangelio, desde sus propios derechos humanos.

El padre explica que la lucha de los tranques nunca fue violenta. “Hemos tenido una cercanía y afecto muy profundo con la gran mayoría de los participantes, especialmente con los líderes. “He sido amigo de ellos y hemos tenido ese nivel de confianza.

El movimiento campesino ha impactado en toda Nicaragua

Ciertamente duele saber que Medardo y Pedro y muchos otros estén presos. Nos toca y nos duele muy hondamente porque uno sabe la calidad de estas personas nobles y sensibles, pero para el sistema son un peligro porque son pobres y críticos”. 

Los campesinos ponen el corazón en la lucha, en los momentos más difíciles nunca faltan, por eso son una inspiración. Esto lleva a valorar cada vez más a la gente pobre.

“Me sentí parte del movimiento campesino. Creo que es lo que nosotros experimentamos en la vida eclesial: que son los pobres los que terminan evangelizándonos a nosotros. Desde esa realidad uno se transforma; no es lo mismo estar allá arriba, que estar metido en la montaña, en lugares a los que para llegar hay que recorrer dos o tres días en burro y conocer de cerca y sentir el sufrimiento, lo cual da otro razonamiento y otro tipo de práctica pastoral”.

El padre Abea comenta que el movimiento campesino ha impactado en toda Nicaragua, porque la gente lo reconoce, no solo porque está integrado por pobres, sino por su transparencia y nobleza, lo que le da un ‘plus’ a su lucha.

Este sacerdote continúa vinculado al Movimiento Campesino, con cuyo Consejo se ha seguido reuniendo en Costa Rica. La lucha campesina y de toda la ciudadanía nicaragüense, aclara, no es solo para cambiar de Presidente, sino por la democracia, la libertad y la justicia, y porque nunca más haya otra dictadura.

Recuperar Centroamérica

Descarta que se produzca una guerra civil porque el pueblo sabe que no es la solución. En unas elecciones realmente libres, asegura que la pareja presidencial saldrá del poder, porque su tiempo ha culminado, perdieron autoridad moral.

Considera que toda la estructura del Estado está viciada y corrupta, por lo que hay que recomponer todo el sistema. Señala queesta lucha ha despertado el corazón y la rebeldía de los jóvenes, quienes quieren cambios más profundos, desde las raíces y ese reto va a llevar años y es de todos.

En este mes en que se cumple el primer aniversario de esta revolución cívica, añade el sacerdote, no se puede perder la memoria histórica, porque si fuera así, se estaría condenado a repartir los errores del pasado. Abea, está  viviendo la difícil experiencia del exilio, lo cual para él no es algo definitivo, por lo que tiene la esperanza de que regresará a Nicaragua.  “Esa es la misión: volver a nuestra tierra”.

Al establecer ciertas similitudes entre Nicaragua, Honduras y El Salvador, donde mucha  gente está sufriendo y se ve forzada a migrar, señala que “es un reto muy grande recuperar nuestra Centroamérica, donde no tenemos una verdadera democracia,puesto que la corrupción es el pan de cada día de los políticos”.