Maras y pandillas, los dueños de la plaza

Desde los 15 años, Juan empezó trabajar para la Mara Salvatrucha que controla su barrio: Sunsery, aunque esa estructura criminal nombra ese sitio como “La Rampla”, ubicada en el centro de San Pedro Sula, al norte de Honduras; allí administran 12 puntos de venta de droga.

Ingresó por “malas compañías” y cuando vino a reaccionar ya no podía retirarse. Al inicio le asignaban tareas de botar cadáveres, pero luego tuvo presiones para asesinar.  “Me trataban bien y me daban todo. Cuando el compadre: que es el jefe, mataba a alguien, me tocaba subirme los cuerpos al hombro para irlos a tirar como perros”, dijo  a Expediente Público.

Añadió que tuvo miedo y pasó noches sin dormir, pero ya no podía retirarse. “Ya estoy acostumbrado y ahora es normal para mí hacer esto”. Ahora de 19 años, vive con su mujer y su hijo de dos años. Se encarga de surtir droga en 5 colonias

“Tengo 4 años de estar en el negocio. La verdad que de aquí solo sale con los pies por delante; metido en una bolsa”, expresó el joven con acento resignado. Su jornada comienza a las 4 de la tarde hasta las 10 de la noche; con una mochila negra en su espalda y montado en una motocicleta distribuye la droga en unos 40 puntos de venta al menudeo.

Llevando entre 20 a 30 puchos de marihuana, 10 a 15 de diésel y de crispy en cada puesto. Juan explica que la crispy la dividen en dos partes: de 50 y de 100 lempiras, mientras que la diésel que lleva otros químicos y el gramo de cocaína la venden a 100 y el puro de marihuana a 30 lempiras. “Aquí vienen los hijos de las familias más ricas, se van a meter a las discos con sus vidas de fresas, consumiendo alcohol y droga”, contó el marero.

En cada punto vende un estimado de 2500 lempiras diarios (US$100). Cada día de jornada Recolecta unos mil dólares por colonia. Por esa labor le pagan de 1,400 a 1,500 lempiras a la semana, unos 60 dólares, sin embargo, otras misiones elevan su salario: sicariato. “Cuando toca ir a acostar a alguien-matar-, me dan más, dependiendo quien sea”, detalla, ampliando que, si el individuo es de clase media, el costo que le pagan por matar es de 3 mil lempiras y si se trata de la clase alta como un político, el costo anda 50 a 100 mil.

Ese dinero lo dividen entre los que ejecutaron en el crimen, aunque “el jefe de la cuadra agarra su parte sin hacer nada”, expresa. Añade que participan tres, uno se dedica a seguir a la víctima por una semana luego pasa un informe describiendo los lugares que frecuenta más y posteriormente envían a un motorista y a un gatillero a realizar esa misión.

 

APP PARA COORDINAR VENTA

Juan aseguró a Expediente Público que la mara usa un método más seguro que le dificulta a las autoridades policiales rastrearlos, escuchar sus llamadas o tener información de lo que hacen, aunque hagan un vaciado de teléfono (informática forense empleado por investigadores criminales para recuperar datos). Desde hace unos dos años usan aplicaciones para coordinar sus actividades delictivas. Se comunican mediante Zello, una aplicación móvil gratuita que funciona como un walkie-talkie con canales diferentes, como en una radio y con solo presionar un botón puede enviar mensajes de audio en tiempo real a un grupo. Como la aplicación no confirma el correo electrónico del usuario, es fácil ingresar datos falsos para usarla.

“Siempre andan en moto por toda la colonia de tres a cuatro hombres que tienen sus papeles legales. Ellos nos avisan mediante Zello cuando podemos salir o llegar con el producto”, comentó, ampliando que incluso con esa aplicación han obtenido el código de frecuencia de radio que usa la Policía y logran escuchar todo lo que reportan los oficiales.

Este joven distribuidor de droga comentó que los miembros tienen prohibido embriagarse. “Uno se la gana y pierde si nos descubren pelando papa”, dijo en su jerga. La expresión significa descuidar su puesto.

La droga tiene que venderse sí o sí. Cuando un punto no logra vender todo el producto, el plazo que le dan al vendedor es de cuatro horas, caso contrario debe pagarlo con su dinero.

En caso de ser encarcelados, la mara responde por los hijos de estos, apoyándolos con leche, pañales y comida mientras el padre marero esté en prisión.

 

CARTEL DE LOS VALLE ES EL PROVEEDOR

Según declaraciones de Juan, el cartel de los Valle-Valle es el proveedor de droga de la Salvatrucha. “Siempre le han surtido a la mara. El cartel sigue siendo el mismo y aunque ellos estén presos siguen liderando”, aseveró, añadiendo que les mandan la droga a diario desde Colón, -zona litoral del país- unas mil libras de marihuana oculta en contenedores de palma africana y cocaína; el producto lo trasladan a un laboratorio de empaque localizado en El Merendón en San Pedro Sula, desde allí se abastecen todos los puntos de droga al menudeo de unas 60 colonias controladas por la Salvatrucha.

Cuando se trata del tráfico internacional de drogas señala que “los miembros solo van cuidando el producto y revisan que vaya completo hasta las fronteras, en otros países recibe la mercancía otros grupos. Luego de allí no sabemos nada más”, comentó el joven marero.

Cuando el producto viene de La Mosquitia, lo movemos en lanchas. La Mosquitia pertenece al departamento de Gracias a Dios, en el noroeste de Honduras, el segundo departamento más grande. Abarca extensas planicies costeras de Nicaragua y Honduras. “Las demás rutas no se las puedo decir, sería ponerme la soga al cuello”, dijo.

La Fiscalía del Distrito este de Virginia reveló en abril de este año que, desde el interior de la cárcel en Estados Unidos, Miguel Arnulfo Valle Valle y Luis Alonso Valle Valle, exlíderes del cartel Valle, seguían coordinando entregas de droga, pagos y enviando amenazas a agentes de la ley en Honduras.

El 18 de diciembre de 2014, los dos hermanos fueron extraditados desde Honduras, luego de dos meses de su captura en el departamento de Copán, ubicado en la frontera occidental del país, en una operación conjunta entre las fuerzas especiales de Honduras, la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) y las autoridades guatemaltecas. De acuerdo con los fiscales en el Distrito Sur de Florida, los líderes del cartel Valle fueron responsables de mover más de 10 toneladas de cocaína hacia Estados Unidos

Sin embargo, en septiembre de 2017, los hermanos Valle Valle, líderes del Cártel «Los Valle» fueron condenados a 23 años de cárcel en los Estados Unidos por el delito de narcotráfico.

 

COLABORADORES

Durante la plática, Juan reveló que para que los cargamentos de droga pudieran pasar sin que nadie los detuviese, la mara cuenta con el apoyo de personalidades que pertenecen a élite política. Nos ayudan políticos que tienen vínculos con en el narcotráfico, pero nombres no puedo dar por los problemas”, explicó. Juan amplió que sobra quienes quieran trabajar para la mara, desde policías, militares, capitanes y políticos. “También de esos hay quienes forman parte de esa estructura criminal. De quienes menos se lo esperan”.

 

TERRITORIO

Juan comenta que no le teme a la muerte. “Cuando uno nace -a mi forma de pensar- ya tiene el día en el que va a morir y ese día no se va a atrasar ni adelantar. No le tengo miedo a nada”, aseguró, aunque si se diera la oportunidad se alejaría, pero de ese mundo solo se sale metido en una bolsa. “A veces que ni la familia lo logra encontrar a uno porque ellos mismos lo entierran al darle la espalda o traicionar a la mara”.

“No cometan mi error, sigan por el camino derecho y no se metan en esta vida porque no hay segunda oportunidad”, advierte.

Solo los miembros de la mara, ellos son los encargados de la venta a menor escala. Aunque los carteles también disputan la plaza del narcomenudeo. Entre algunas colonias que domina La MS está La Cumbre, La Virtud, El Merendón, Sunsery, Cabañas, La Suazo, Gracias a Dios. Hay colonias donde domina la pandilla 18 y la Salvatrucha. “Un bordo o una calle nos divide de “los pelones”, refiriéndose en tono despectivo al Barrio 18. Explicó que cada día se va ganando más territorio.

La venta de drogas por maras y pandillas es un asunto que se ha salido de las manos de las autoridades y se está expandiendo incluso a pequeñas comunidades hondureñas, reconocen las autoridades policiales.

“La venta de drogas se expande cada vez más y el comercio alcanza a niños y jóvenes”, reconoció a Expediente Público el subcomisionado José Molina Moncada, director de la Dirección Nacional Policial Antidrogas (DNPA).

Un agente de la Dirección de Lucha Contra el Narcotráfico (DLCN) refirió a Expediente Público que estas estructuras fácilmente se reorganizan. Hacen el efecto globo que cuando se aprete de un lado, se infla el otro. Es así que ahora vemos que están sucediendo asesinatos, extorsiones y venta de drogas en otros municipios que antes se consideraban sanos. Por ejemplo: Danlí, Comayagua, Siguatepeque, donde se están dando reportes de ventas de drogas, reporte de homicidios, de robo”.

Señaló que el mal no disminuye, más bien se reorganiza, un fenómeno social que algunos llaman “efecto cucaracha”, porque se “fumiga” por un lado pero los “insectos” se van para otro lado.

Una de las “ventajas” de las maras y pandillas es que tienen una gran cantidad de miembros, lo que garantiza su permanencia. “En las comunidades pequeñas notan fácilmente cuando alguien no es de allí y más si andan vendiendo drogas entonces los denuncian a la policía, pero las estructuras criminales sacan a sus miembros y ponen a otros en su lugar”, señala el agente.

De esta manera pueden apoderarse lentamente de una comunidad. Un ejemplo de esto es el municipio de San Francisco de Yojoa, una pequeña comunidad agrícola en el departamento de Cortés, que hasta hace algunos años era muy pacífica.

Allí cuando cae la noche pueden escucharse las motocicletas de los mafiosos que andan haciendo sus entregas de droga y el poder de los criminales ha llegado al grado que, en la feria patronal de 2019, los mareros solo dieron “permiso” para que se festejara el día del patrón religioso local, porque a estas organizaciones no les gustan las grandes celebraciones, porque atraen a las autoridades que llegan a brindar seguridad.

En las grandes ciudades las maras y pandillas delimitan sus territorios con “placazos”, enormes rótulos con símbolos “18” o un “13”, un claro mensaje que allí no quieren a miembros de otras organizaciones criminales vendiendo droga ni ninguna otra actividad criminal.

“La persona que no sea conocida del barrio y que circule -especialmente un joven- puede ser víctima al considerarlo como espía o que está trabajando para el barrio, pandilla o mara rival”, indicó el agente.

Aunque la mayor parte de barrios controlados por maras y pandillas también hay bandas que han permanecido en el negocio a punta de armas automáticas y baños de sangre. Entre esas bandas están “Los Chirizos”, “El combo que no se deja”, “Los Tercereños” y “Los Aguacates” en Tegucigalpa; y “La Rumba” y “Los Olanchanos” en el norte del país.

Sin embargo, “las maras y pandillas son más numerosas y los han ido desplazando”. Además, estas estructuras tienen una gran capacidad de adaptación a las nuevas condiciones sociales. Por ejemplo, “yo le podría mostrar una fotografía de un pandillero de la 18 y usted cree que es un universitario, un trabajador de un banco o de una oficina, y sin tatuaje”, dijo el agente de la DLCN.

Las autoridades policiales han tenido evidencia desde hace años de integrantes de  maras que han optado por no tatuarse parte visibles del cuerpo y más bien lo hacen como debajo de la lengua, la conjuntiva del ojo. También han cambiado los tipos de tatuajes, ya no son el simple “18”, sino, símbolos como tres estrellas de seis picos, porque 6 × 3 es 18.

El poder, el dinero y la influencia de estas organizaciones van ocupando nuevos espacios en la sociedad. “Yo tengo un amigo que es catedrático de la universidad y tiene un alumno que está estudiando derecho en la (Universidad Nacional) Autónoma que es miembro de una pandilla. Él mismo se lo dijo, que se siente identificado con ellos, porque le están dando el estudio, les están dando de comer, porque el papá de él era pandillero y lo habían matado”, refiere el agente antidrogas.

Es así como una nueva generación dentro del crimen organizado se prepara para seguir ampliando su control sobre el negocio de las drogas y la sociedad hondureña.

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