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La segunda vuelta, una tarea por resolver en Honduras

** La oposición exige una segunda vuelta como un mecanismo de mayor respaldo para el presidente electo; el Partido Nacional se opone porque eso podría ser el fin del poder que han mantenido desde hace tres períodos


El pasado 13 de septiembre el Consejo Nacional Electoral de Honduras convocó a elecciones primarias en un momento en que se discute una nueva ley electoral, se trabaja para obtener una nueva identidad y sigue en la mesa de debate el tema de una segunda vuelta electoral; un mecanismo demandado por gran parte de la población y la oposición, pero que sería la lápida al poder del Partido Nacional después de tres períodos consecutivos de gobierno.

Luego de la crisis postelectoral del 2017, el tema de la segunda vuelta comenzó a someterse a consideración, con el fin de evitar nuevamente un conflicto social. Durante esas elecciones, el presidente Juan Orlando Hernández obtuvo la victoria con un margen del 1.53% ante la Alianza de Oposición conformada por el Partido Libertad y Refundación, Salvador Nasralla y el Partido Innovación y Unidad.

La crisis postelectoral del 2017 se desató luego de que, en un primer conteo, con un 57 por ciento de las actas escrutadas, Nasralla superaba a Hernández por un margen de 45.17 a 40.21 por ciento, lo que a criterio de los opositores sumaba unos 100,000 votos. Posterior a ese escrutinio el conteo se detuvo por 36 horas, período en el que se confirmó una “caída del sistema”. Al volver el conteo, Hernández comenzó a ganar terreno bajo el argumento de que se estaban contando los “votos rurales”.

EL BALOTAJE NO ENTRA

La segunda vuelta electoral o balotaje es un método utilizado cuando ninguno de los candidatos obtiene la mayoría que determina la ley, por lo que deben someterse a un nuevo proceso de votación donde solo participan los dos primeros lugares.

En el caso de Honduras, es una de las reformas que propone la oposición para las elecciones del 2021. Sin embargo, el presidente del Congreso Nacional y ahora precandidato a la presidencia por el Partido Nacional, Mauricio Oliva, le puso un freno al decir que “la segunda vuelta no puede entrar en la nueva Ley Electoral, porque es una iniciativa secundaria. La segunda vuelta requiere de una reforma constitucional”. El Partido Nacional es mayoritario en el Legislativo y sin sus votos no hay reformas, pues se requieren 86 de 128 posibles.

Según lo declarado por Oliva, habría que reformar el artículo 236 de la Constitución, este permite a un candidato ser elegido por mayoría simple, sin necesidad de votaciones ulteriores.

«El presidente de la República y tres designados de la presidencia serán electos conjunta y directamente por el pueblo por simple mayoría de votos. La elección será declarada por el Tribunal Nacional de Elecciones, y en su defecto, por el Congreso Nacional o por la Corte Suprema de Justicia en su caso». Art. 66

El pasado 9 de septiembre se presentó ante el Congreso Nacional el borrador de una nueva Ley Electoral que, entre otras cosas, limita la participación de los partidos pequeños en las mesas electorales; obliga a los partidos emergentes a sacar al menos el 2 por ciento de los votos, sin pena de desaparecer; se elimina el 15 por ciento de la deuda política que se le paga a esos partidos y el uso de credenciales personalizadas para quienes participarán en las mesas electorales en representación de los partidos.

Paralelamente se trabaja en crear una nueva identidad, que dé mayor seguridad y evite fraudes electorales; y un nuevo censo, pues en el actual permanecen muchos “votantes” que ya murieron o que forman parte del exilio, según argumenta la oposición.

Por otro lado, el pasado 1 de octubre, el Congreso Nacional aprobó diversos artículos transitorios que forman parte de la nueva Ley Electoral, y que funcionarán como “Ley Especial para las Elecciones primarias”, en donde se incluye el Nuevo Censo Electoral Provisional.

Expediente Público conversó con expertos en el tema electoral, para analizar los pros y contras de una segunda vuelta.

El director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso Honduras), Rolando Sierra, explica que para ganar en una segunda vuelta se debe tener un gran apoyo del electorado.

«En un sistema electoral donde existe la segunda vuelta, los partidos políticos deben contar con un enorme caudal electoral para ganar una elección con más del 50 por ciento».

Sierra señala que al Partido Nacional no le favorece una segunda vuelta, ya que necesita del 50% de los votos y en las últimas dos elecciones ha ganado con menos del 45%. Explica que, si los partidos de la oposición logran unirse para un balotaje, tendrían la posibilidad de ganar.

El abogado y analista Juan Carlos Barrientos, indica que la segunda vuelta genera un mayor grado de gobernanza. «En la mayoría de países de América Latina donde se juega la segunda vuelta, es porque tienen al menos tres partidos políticos fuertes. Cuando hay bipartidismo no hay problema, pero cuando son ya más de dos, es necesario tener una mayor gobernanza con apoyo del pueblo para el nuevo gobierno».

Agrega que «en Honduras por los momentos solo hay tres partidos fuertes y, como están las cosas, es necesario un reacondicionamiento de las fuerzas políticas que participan porque en la situación actual el Partido Nacional siempre va a seguir ganando, siempre va a sacar más votos que los demás».

Por otra parte, Sierra explica que el sistema electoral requiere de mecanismos para prever y solucionar crisis. «La segunda vuelta permite que un partido que gane en las elecciones, entre con mayor fuerza y en alianza con otros sectores, con un nivel alto de electorado y esto genera legitimidad».

También, añade, que «es un mecanismo para resolver conflictos sobre resultados electorales. Precisamente no hemos tenido en el país esos mecanismos para resolver todas estas crisis electorales que hemos tenido en los últimos años, sobre todo la falta de credibilidad y desconfianza en la institucionalidad electoral y en los mismos resultados electorales. El mecanismo de la segunda vuelta es firme para resolver este tipo de crisis».

Barrientos y Sierra, coinciden en que una de las grandes desventajas de una segunda vuelta es el costo que tiene una elección en Honduras. El presupuesto que recibió el anterior Tribunal Supremo Electoral, para las elecciones generales del 2017 fue de 1,098 millones de lempiras, (unos 40 millones de dólares).

A pesar del costo, Sierra concuerda que eso podría evitar conflictos a futuro. «En un país como Honduras, esos costos se compensan. La segunda vuelta le da legitimidad, certeza y confiabilidad al proceso, porque el costo de la inestabilidad política, por no tener credibilidad en los resultados electorales, es mayor, debilita la institucionalidad y ahuyenta la inversión extranjera». Sin embargo, Sierra identifica que una desventaja que puede generar el balotaje, es que, tras lograr una alianza para enfrentar una segunda vuelta, al asumir el gobierno no puedan cumplir sus acuerdos y se originen crisis políticas.

Juan Carlos Barrientos considera que Honduras está lista para aprobar el balotaje. «El Proceso lo administra el Consejo Nacional Electoral y si están preparados para un proceso electoral, deben estarlo para una segunda vuelta. Toda la infraestructura la tienen y son los mismos que han venido administrando los procesos». 

El informe «Análisis Comparativo de la Legislación Electoral», del Centro de Documentación de Honduras (CEDOH), detalla que la ausencia de la segunda vuelta entre las reformas electoral debilitaría la fuerza transformadora que se debe tener en el país. «El argumento más fuerte a favor del balotaje es el siguiente: en virtud de que la geografía electoral del país ha experimentado cambios muy sensibles y decisivos en los años posteriores del golpe de Estado, se vuelve necesario reformar la legislación electoral, de forma tal que el gobierno que surja de las nuevas elecciones sea uno con el volumen de votación suficiente para asegurar la legitimidad necesaria, garantizar la tranquilidad política adecuada y la gobernanza democrática que el país requiere».

El informe indica que la segunda vuelta se convierte en un instrumento de equidad electoral, que da equilibrio al sistema y asegura un mejor nivel de legitimidad político-electoral al nuevo equipo gobernante.  

Por otra parte, el analista y catedrático universitario, Miguel Cálix, le explicó a Expediente Público que el tema del balotaje cobró vigencia en Honduras a partir de las elecciones del 2013. Recordó que el Partido Libre y el Partido Anticorrupción, en sus inicios estaban en contra, al igual que los partidos tradicionales.  

“Después que el Partido Liberal cae en ese tercer lugar a nivel presidencial en el 2013, comienzan a surgir voces dentro del Partido que llaman al balotaje y (en cuanto a) Libre no ha sido muy clara su posición, pero a raíz de la elección del 2017 la segunda vuelta se convierte en un tema de reforma electoral”.

NO DA LEGITIMIDAD

Para Cálix no es cierto que la suma de las fuerzas políticas que salen ganadoras en una segunda vuelta tienen mayor legitimidad al momento de gobernar. “Eso significaría que ninguno de los gobiernos que han surgido en Honduras antes del 2017 gozaba de legitimidad. Eso lo dan otros factores, no la cantidad de votos, si no, ganar las elecciones con las reglas del juego de manera justa, transparente y no controvertidas”.

Indicó que las elecciones del 2017 funcionaron como un balotaje porque las personas salieron a votar por el candidato que tenía la fuerza de ganarle al Partido Nacional. Una segunda vuelta funciona de la misma manera.

Otro ejemplo de los efectos de una segunda vuelta se dio dentro del Congreso Nacional, que tras las últimas elecciones dejó al Partido Nacional con 65 diputados y a Alianza Patriótica con cinco. Estos hicieron un pacto de gobernabilidad, y así «estamos viendo cómo a nivel del Poder Legislativo, operaría un gobierno» que hubiera hecho una alianza en segunda vuelta.

Explicó que, en el actual contexto, el Partido Nacional no está a favor de un balotaje porque aún tiene una gran cuota de poder real: controlan una buena parte de las alcaldías, tiene mayoría en el Congreso, tiene al Ejecutivo y al Poder Judicial.

«En esas circunstancias, el Partido Nacional no está en condición para negociar la entrega del poder, por lo tanto, tiene que darse una correlación de fuerzas favorable a una reforma de ese tipo para que la segunda vuelta se apruebe». Cálix señala que la reforma requiere de dos cosas fundamentales: una madurez política por parte de los partidos, ya que significa una reforma profunda al sistema político electoral, y también lo que implica el costeo de una nueva campaña.

«Las condiciones empiezan objetivamente a ser favorables a una segunda vuelta, eso pienso, pero debemos ver qué pasa en estas elecciones del 2021».

Cálix considera que el tiempo para aprobar un balotaje para las elecciones del 2021 ya se acabó. Por otra parte, comenta que un partido que hoy esté en contra de la segunda vuelta, puede estar a favor dentro de cuatro años, porque los partidos hacen cálculos del poder que tienen en sus manos.

«Una reforma se hace de manera paulatina y a largo plazo» finalizó.