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Educación de calidad, la otra víctima del coronavirus en Honduras

La llegada del Covid-19 en marzo del 2020 llenó de incertidumbre a la población, muchos tenían la idea que el encierro solo podría durar cerca de 15 días y que las clases volverían a su normalidad.

Expediente Público


La pandemia del nuevo coronavirus provocó que el Gobierno de Honduras ordenara el cierre de las escuelas el 12 de marzo del 2020, como medida de prevención para contener los contagios. Once meses se ha prolongado la decisión. ¿Cómo están afrontando los estudiantes y docentes del sistema público de Honduras la situación del Covid19?

Expediente Público conversó con Angélica Aguilar, una docente con 26 años de experiencia, que labora en el “Centro de Educación Media Gubernamental Lenca”, en Yamaranguila, ubicado en el departamento de Intibucá, en el occidente, y una de las zonas más pobres del país. Aguilar comenta los problemas que han enfrentado durante la pandemia y los métodos utilizados con los estudiantes que viven en zonas remotas y no tienen acceso a internet.

“Cuando el gobierno da la orden de cerrar los centros educativos, inmediatamente informamos a los jóvenes lo que estaba sucediendo, les asignamos trabajos por 15 días, porque nosotros creíamos que esas dos semanas, la situación iba a mejorar. Pero, lamentablemente a partir de ese momento, no volvimos a ver a nuestros jóvenes, entonces, esperamos un tiempo, un lapso de abril y parte de mayo, hasta que las autoridades del centro educativo tomaron la decisión de reunirnos por la plataforma digital Zoom, para que cada uno de los maestros tomáramos medidas”, dijo Aguilar.

En Yamaranguila, uno de los municipios del departamento de Intibucá, donde labora la maestra, gran parte de los estudiantes que reciben clases en el centro educativo, provienen de aldeas remotas de la zona, los cuales presentan muchos problemas de comunicación.

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“Lo que nosotros hicimos en nuestro educativo fue organizarnos. Cada grado tiene un maestro guía, que es responsable de dicho grupo. Ya teníamos nuestros grados asignados, entonces inmediatamente empezamos a localizar a los jóvenes a través de números telefónicos, armamos grupos de chats por WhatsApp, y empezamos a través de esos grupos a mandar tareas a los muchachos. Pero resulta que había un porcentaje de jóvenes que no estaba recibiendo esas tareas”, refirió la profesora Aguilar.

 Al identificar esa cantidad de estudiantes que no estaban recibiendo las tareas vía WhatsApp, porque viven en zonas remotas donde los problemas de señal de comunicación son fuertes, los maestros diseñaron otras estrategias para que éstos no quedaran fuera del sistema educativo y perdieran su año escolar.

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Elaboraron materiales educativos en papel físico para podérselos enviar a su comunidad, relató la docente. “Esos jóvenes, dijo, sus recursos no les alcanzan para adquirir un teléfono móvil, menos para pagar paquetes de datos y conectarse a internet para recibir clases”.

Mayoría sin acceso a internet  

Diversos centros educativos públicos en Honduras no están recibiendo clases por una plataforma virtual, solamente les asignan tareas, les envían vídeos explicativos y el estudiante debe resolver y enviar sus respuestas.

De acuerdo a Casa Alianza, una instancia de sociedad civil que vela por la protección de los derechos de la infancia y la adolescencia en materia educativa, el panorama escolar a inicios de 2020 ya mostraba problemas con 1,2 millones de escolares fuera del sistema educativo. Y de los 1,8 millones matriculados, al menos unos 700 mil iban a desertar a lo largo del año. Ello antes de la pandemia.

Sin embargo, la emergencia sanitaria del coronavirus cambió drásticamente el escenario, y al cuarto mes de la pandemia muchos padres y madres de familia se quedaron sin recursos para seguir pagando las clases virtuales, y de un 90% de estudiantes que estaban conectados en clases en línea al inicio de la pandemia, el mismo bajó a un 45% al cuarto mes, según un reporte del Colegio Profesional de Unión Magisterial de Honduras.

Datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) para el 2018, señalaban que solo el 16.6% de la población contaba con internet en su casa y solo un 12.8% accedía a través de una computadora. En tal sentido, según Casa Alianza, más de un millón de estudiantes no tienen acceso a herramientas tecnológicas para seguir con su desarrollo académico, un problema que se acentúa en el área rural.

La pandemia por el coronavirus vino a develar la desigualdad existente en el sistema educativo nacional, entre los estudiantes de centros públicos y privados, últimos que cuentan con un 80% con internet en sus casas, mientras que los públicos solo con un 30%, señala el informe de Casa Alianza.

El centro básico en donde labora la maestra Aguilar es un reflejo de esa brecha digital, y según el testimonio de la docente, para revertir un tanto esa brecha con los estudiantes que no podían conectarse por el internet, “cada maestro guía se contactaba con el estudiante que no podía recoger su tarea y se movilizaba a la zona para poder entregarle el material educativo. Así estuvimos dando clases y atendiendo a los muchachos todo el año”, afirmó.

En junio de 2020, un grupo de organizaciones de sociedad civil emitió un comunicado lamentando que cerca de dos millones de estudiantes, en las edades de 3 a 17 años, estaban desertando del sistema educativo por la situación del Covid-19.

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En su comunicado las organizaciones señalaron una serie de recomendaciones para que los estudiantes puedan acceder a la educación de una manera más ágil como el uso de la televisión y de la radio para darle mejor cobertura a las clases, indicando que WhatsApp y las llamadas telefónicas no deben ser sustitutas de las herramientas anteriormente citadas.

Sin orientaciones claras

Para este 2021, la profesora Angélica Aguilar cuenta que todavía no tienen claro las directrices por parte de la Secretaría de Educación para atender a los estudiantes. Recordó la docente que el mayor desafío del centro educativo donde labora, es que la mayoría de los estudiantes viven en las afueras del casco urbano de Yamaranguila.

“Creímos este año íbamos a continuar como el año pasado, pero tuvimos un consejo de profesores, porque la dirección Distrital de Yamaranguila planteó con una propuesta a nivel del departamento, la cual consiste en que nos vamos a presentar dos días a la semana: lunes y viernes para poder atender jóvenes, pero solamente a los de bachillerato, en el caso de básica no se permitió porque la cantidad es mayor”, explicó Aguilar

En el caso de los estudiantes de básica, decidieron que será el padre de familia que asista al centro educativo para que reciba y entregue las tareas de sus hijos.

La calidad de la educación en la pandemia sigue siendo un desafío. Un informe de la revista Económica y Administración, del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), denominado “Desafíos en calidad y cobertura de la educación pública de Honduras 2014-2018”, explica que a pesar que el país tiene uno de los gastos más altos a nivel de Centroamérica en educación, los resultados en el sistema no reflejan la inversión que realiza el Estado, en cuanto a cifras y rendimiento.

“A pesar de los niveles relativamente altos de gasto público en educación Honduras se enfrenta a importantes limitaciones relacionadas a tres elementos que inciden en la oferta educativa y calidad. En el 2018 la administración pública invirtió en el sistema educativo nacional el equivalente al 6.1% del PIB el segundo nivel de inversión más alto en la región de Centroamérica, superado únicamente por su país vecino Costa Rica (7.03%)”, señala la revista.

“La magnitud del gasto en educación también puede observarse en relación con el gasto total del gobierno. Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), entre el 2014 y 2018, el Estado hondureño destinó anualmente en promedio un 24% de su presupuesto nacional al sector educativo por arriba de lo observado en América Latina (17.8%)

El estudio señala que, durante el 2018, la brecha en el sistema actual dejó a más de 900 mil hondureños entre 3 y 17 años excluidos de la oferta académica nacional. “Es claro que los pocos avances no han sido iguales para todos los tramos de la estructura”, recalca.

En tanto, el más reciente informe del Observatorio Nacional e Internacional de la Educación de la estatal Universidad Pedagógica Nacional “Francisco Morazán”, del 2020, señala que, en Honduras, el 67% de los padres de familia mencionan que sus hijos aprendieron poco o nada en la modalidad virtual durante el confinamiento y prefieren que sus hijos repitan el año o retirarlos del sistema educativo.

“Con más de la mitad de la población en edad escolar fuera del sistema educativo, en los años 2020-2021 se espera una catástrofe generacional: más jóvenes en maras y pandillas, más actividades delictivas y más pobreza, por falta de inclusión educativa y nula movilidad social”, advirtió la organización Transformemos Honduras, una instancia civil que aglutina a diversas organizaciones que monitorean e investigan la situación de la educación. Y citando a la UNICEF, advierte que para evitar esa caída tan dramática no se puede permitir que los centros educativos sigan cerrados y abogan por un retorno a clases semipresenciales, con protocolos de bioseguridad estandarizados, el funcionamiento de los consejos escolares de madres y padres de familia, calendario escolar con horarios de atención a grupos pequeños de menores, merienda escolar, asegurada, entre otros mecanismos.

Dificultades de las familias

La maestra Aguilar es testigo del impacto de esas cifras, lo ha visto y vivido en la comunidad donde ejerce la docencia. Al enumerar las dificultades para una educación accesible y de calidad en zona, menciona las condiciones de pobreza en que viven muchas de las familias: apenas tienen para el sustento diario, no se les puede pedir portar un teléfono inteligente y asegurarse un paquete de datos para hacer uso del internet. A ello, se suma que muchos padres de familia no son aplicados para ayudar a sus hijos en sus tareas.

 “En el caso de los maestros, aquí todavía no tenemos una computadora y tampoco acceso a internet, este ha sido otro obstáculo, así como la falta de capacitación en muchos de estos sistemas. No nos han capacitados en temas de tecnología los que hemos aprendido, ha sido de manera autóctona”, afirmó la profesora Aguilar.

Expediente Público conversó con dos padres de familia de Yamaranguila, quienes relataron los retos que han asumido con sus hijos desde que inicio la pandemia.

Waldemar Ponce, es un obrero de la construcción en el municipio de Yamaranguila que tiene dos hijas en un instituto del municipio. Explicó el costo que le ha representado la compra de paquetes de datos para hacer uso del internet, cuya señal es muy mala en la zona, y ha dificultado el aprendizaje a sus hijas.

“Es bastante el costo, porque comprar recargas vale 10 lempiras (unos 41 centavos de dólar), pero ello no funciona porque la señal es muy mala en Yamaranguila. Tienen (sus hijas) que andar buscando señal y cuando les mandaban vídeos de explicación de las clases, no lo cargaban”.  Entonces, optó por contratar los servicios de internet por medio de una empresa de cable local en la zona y colocarlo en su casa, donde ahora paga 700 lempiras (28.91 dólares) mensuales por el costo del servicio.

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Ponce pertenece a la asociación de padres de familia del instituto en donde estudian sus hijas, y explicó que muchos padres decidieron retirar a sus hijos por el costo que representa el uso del internet y la mala señal de la zona.

Por otro lado, Luisa María García, madre de tres hijos, maestra de profesión, y desempleada por la situación actual, señaló los nuevos retos del método de educación que se está implementando en las escuelas públicas. “Es un poco complicado, los niños lo que quieren es salir, (porque) viven el resto del año en la casa. Cuando vienen las clases ellos se alegran, pero a raíz de esto todo cambió, hay demasiado estrés, tanto en los niños y padres de familia”. Afirmó.

Consideró García que los métodos de enseñanza- aprendizaje deben cambiar. “Solo enviar tareas al final es estresante y agobiante para los alumnos. Yo sé que es un poco difícil porque fue de repente, pero a medida que pasaba el tiempo creo que debieron hacer encuestas a los padres de familia”, planteó.

Persiste miedo al contagio

García y Ponce coinciden en que, si el día de mañana se produjera el retorno a las clases con medidas de bioseguridad, no mandarían a sus hijos a la escuela.

 “Yo no las mandaría, porque aquí en Yamaranguila son bastante los casos de Covid19 que hay, se han esparcido por todo el municipio, aquí en el casco urbano es bastante. Otros padres también no mandarían a sus hijos. No se han reunido los maestros con los padres de familia, porque yo pensaba mandarlos una vez cada 15 días a traer tareas y a dejar”, agregó Waldemar Ponce.