Comandante Johnson: El sandinismo siguió matando contras después de la guerra de los ochenta

Luis Fley, conocido por su seudónimo “Johnson”, quien se identifica como campesino, es uno de los comandantes más reconocidos del Frente Democrático Nicaragüense (FDN), la organización armada de la contra en el norte. Nació en la comunidad Guapotal en el municipio de San Ramón, Matagalpa, ubicada a 140 kilómetros al norte de Managua. Trabajó, a partir de agosto de 1979 para el nuevo gobierno sandinista, como responsable de la acopiadora estatal, la Empresa Nicaragüense del Café, en poblado de El Cuá, departamento de Jinotega, a 208 kilómetros al norte de Managua. 

Se unió a la contra en 1981 porque le informaron que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) dio la orden de matarlo por asistir a una concentración del líder del Movimiento Democrático Nicaragüense (MDN), Alfonso Robelo, quien también había sido miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional instalada tras la caída de la dictadura somocista en 1979.


En reiteradas ocasiones en foros y medios internacionales, ha afirmado que los campesinos nicaragüenses se levantaron contra la revolución sandinista de los años 80 por defender el país del autoritarismo socialista que profesaba el FSLN. ¿Qué lo inspiró a usted para tomar las armas en aquellos años?

En marzo de 1981 yo me fui a una manifestación de Alfonso Robelo en (el municipio de) Matiguás, Matagalpa (a 160 kilómetros al norte de Managua). Me fui en mi camioneta junto con otros vecinos. Yo me había convertido en un pararrayo porque era el acopiador del Estado, y los campesinos maldecían la Revolución Sandinista. Al campesino se le decía que había que tener paciencia, que la situación iba a mejorar y era mentira, no hubo mejora. La mentalidad era que el campesino era como un empleado del Estado. 

Cuando regresé a Jinotega, luego de la concentración, me metieron preso. Esa manifestación molestó a los sandinistas. Por gestiones de mis hermanos, que estaban metidos en el Ejército y en cuestiones del sandinismo, fue que me liberaron, pero a partir de esos días era difícil llevar una vida normal, era acusado de reaccionario, de contrarrevolucionario. Estuve solamente cuatro días preso, me miraban como enemigo, me hacían la vida imposible e inmediatamente me despidieron de la acopiadora estatal. 

Pero la gota que derramó el vaso fue cuando la dueña de un hotel donde me hospedaba en Jinotega, me comunicó que huyera, pues había escuchado a miembros de la Seguridad del Estado que estaban en su local que la orden era matar a Luis Fley. Escuchó decir que había que eliminarme porque yo era una amenaza. Expresaron que había que planear un asalto y hacer ver que por eso me mataban.

Creí en el mensaje de la señora y un 13 de junio de 1981 partí hacia Honduras para reunirme con otros armados contra el sandinismo. Fue un domingo, nunca se me olvida, porque a mi esposa la dejé abandonada, con un hijo de cuatro años y otro de diez meses. Me siguieron dos empleados que tenía y cinco personas más que me conocían y que estaban en contra del sandinismo.

Llegué en agosto de 1981 a Honduras, nos fuimos como siete a buscar armas y a quien nos ayudara, pero nos capturaron los hondureños y nos llevaron a un cuartel, nos quitaron las armas, nos interrogaron y luego nos dijeron: “Se van a ir a un campamento en donde están otros igual que ustedes, que están luchando en contra de los sandinistas”. 

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La Contra tuvo varios campamentos en los años ochenta. El más grande y poderoso fue el de Yamales, establecido desde 1985 en Trojes, Honduras. MAGAZINE- LA PRENSA

En (las zonas norteñas de) El Cuá, Wiwilí y Pantasma, Somoza había instaurado desde 1971 una política en el campo que a diferencia de la posterior reforma agracia sandinista, no fue una reestructuración de la propiedad rural productiva, el Estado a través del Instituto Agrario Nicaragüense (IAN) legalizó las tierras ejidales (así llamadas a las tierras del Estado) que por años los campesinos tenían en posesión. 

El gobierno de Anastasio Somoza Debayle entregó títulos a los campesinos como dueños legítimos de esos dominios (que la reforma sandinista confiscó después), desarrolló planes de titulación que consistían en medir las tierras trabajadas, independientemente de la cantidad de manzanas, y dar escrituras a quienes la producían. Yo trabajé desde joven en el IAN y al conocer el trabajo desarrollado por este instituto considero que el problema de tenencia de la tierra no fue el principal motivo para que el campesinado de la zona se levantara contra los sandinistas.

Yo me movía prácticamente en El Cuá y Wiwilí, en todo lo que eran tierras nacionales o sea del Estado y que habían sido medidas y que los campesinos lo único que tenían que hacer era pagar el valor de las medidas de cada manzana, que equivalía a ocho córdobas de aquella época. No era una reforma agraria en sí para quitarle las tierras a los que tenían 200 manzanas y dárselas a otros, sino que era un proceso de legalización de las tierras. 

Allí (en el IAN) trabajé desde 1971 hasta 1976. Por eso contradigo a los estudiosos que dicen que los campesinos nos levantamos en contra por problemas de tierra y que los sandinistas no nos daban lo que queríamos. Nosotros siempre hemos luchado por la libertad y en contra del comunismo.

El campesino no se fue por tierras porque teníamos tierras, no nos fuimos por demandas sociales porque nunca las demandas fueron sociales. No había problemas de demandas, esas demandas no existían; simplemente el campesino quería seguir viviendo y trabajando en paz a como lo había hecho durante años.

¿Usted fue guerrillero sandinista? 

En 1978, los movimientos guerrilleros hacen presencia en la zona de San Ramón, Matagalpa, de donde soy originario, y mis hermanos se involucraron, pero yo (también) colaboré.

No puedo decir que fui un comandante, que anduve empuñando un fusil, simplemente fui un colaborador porque tenía tres hermanos que se habían enrolado en las filas del Frente Sandinista. 

Cuando terminó el conflicto armado, entre sandinistas y la Guardia Nacional de Somoza, yo creí que la situación de los campesinos mejoraría, pero iniciaron los primeros roces.

Entre el campesinado antisandinista es muy común la expresión “luchamos por la libertad”. ¿Qué significa para ustedes en términos prácticos esa frase acuñada como letanía en contra del FSLN?

Por ejemplo, antes de la revolución, el campesino vendía el café a cualquiera que se lo comprara. Cuando llegó la Revolución Sandinista terminó con los compradores de café y las empresas que existían, que en aquellos tiempos eran Manuel Estrada Ampié, que compraba todo el café del norte; los Castellón en Jinotega, Caley Dagnall y muchas empresas. El campesino estaba acostumbrado a venderle a quien le diera mejor precio. 

¿Qué sucedió?, a mí me buscaron para que trabajara para la Revolución Sandinista acopiando el café de los campesinos porque conocía la zona. Trabajé a partir de agosto de 1979 cuando me lo pidieron; conseguimos un local, el Estado era el único que compraba y no había nadie más, los campesinos tenían que vendernos o exponerse a perder su cosecha. 

Se comenzó a tener roces con los campesinos cuando ellos traían el café y a cambio recibían un papel, una especie de recibo. El campesino estaba acostumbrado a llegar a una agencia, que le pesaran su producto y le pagaran con dinero en efectivo y él se iba a los negocios a comprar la sal, azúcar, sus medicamentos, todo lo necesario para surtir y abastecer el hogar. Con el sandinismo, eso se terminó, les daban un recibo y les decíamos que en seis meses iban a tener el pago de su cosecha. 

Igual pasó con los frijoles y el maíz, el campesino era abierto a venderle a quien le comprara y el nuevo gobierno creó la Empresa Nicaragüense de Alimentos Básicos (ENABAS). Desde esa empresa se acopiaban los granos de todo el país.

Si los agentes estatales encontraban a los productores vendiendo a particulares sus rubros, se los decomisaban, entonces fue otra situación que chocó con los campesinos. Cuando vino el Estado y nacionalizó la comercialización de los productos básicos y los de exportación como el café, hubo un roce total, eso molestó bastante, porque los campesinos viven de lo que producen y seis meses sin comprar la sal y medicamentos era un choque enorme.

Según testimonios, los primeros en tomar las armas en contra del sandinismo fueron exguerrilleros campesinos. ¿Por qué cree se rearmaron en contra de sus excompañeros de lucha?

A finales de 1980, varios exguerrilleros se habían alzado en contra de sus excompañeros del FSLN, entre ellos, Asunción Valdivia, “El Tigrillo”, un destacado guerrillero que cuando nosotros nos unimos, un año y tres meses después, operaba como a dos kilómetros del caserío de El Cuá. Nosotros sabíamos de esos movimientos y por ello era seguro que tomarían represalias contra nosotros, que habíamos manifestado nuestro descontento y se iban a desquitar contra nosotros y así fue.

Una semana después que me fui con mi grupo, en El Cuá mataron a los campesinos Justiniano Cano, José Augusto Torres Zeas, Tránsito Granados, Emilio Méndez, José María Gutiérrez, Tomás González, Carmen Rizo y Juan Hernández, todos ellos por no comulgar con el Frente Sandinista. 

Todos eran de los alrededores de El Cuá y los mataron de una manera cruel, a Tomás González lo ahorcaron como a cien metros de su casa; a Tránsito Granados lo hallaron muerto cerca de su casa. Todos eran pequeños propietarios, tenían una sola finca de treinta a cincuenta manzanas. 

Cuando se trató de imponer modelos ajenos al mundo campesino de parte del sandinismo lo hicieron de una manera sanguinaria, no de convencimiento, fue una manera violenta de imponerles una revolución. Y eso fue generalizado. En 1981, en Yalí y en parte de San Rafael del Norte, municipios de Jinotega, se levantaron en armas los hermanos Meza por la misma situación y ya antes (en 1980) se habían levantado con Dimas (Pedro Joaquín González), muchos excombatientes sandinistas”.

Yo conocí a varios excombatientes sandinistas que se unieron a la contra como Alcides Rodríguez que (actualmente) está en Estados Unidos, fue soldado de Dimas y Óscar Siles que (ahora) está en Panamá, eran de las MILPAS (Milicias Populares Antisomocistas), que luego se sintieron traicionados por la Revolución Sandinista. A casi todos los mataron. Había uno aquí en Jinotega que le decían Macondo, también a él lo asesinaron. A los guerrilleros de origen campesino los fueron eliminando porque tenían temor a que se armaran.

Cuando los trataron de involucrar en el Ejército, no confiaron en ellos, tenemos ese caso de Macondo, del que nadie habla. Era un guerrillero campesino igual que Dimas, que se identificó con la Revolución Sandinista, pero parece que a él lo eliminaron antes que llegara a tomar las armas, a varios así les sucedió. Estaban resentidos porque no se había luchado contra Somoza para imponer el comunismo, sino, para traer la verdadera democracia.

¿Considera que el sandinismo se adueñó de la lucha masiva de la población nicaragüense en contra de la dictadura de Somoza en 1979?

El Frente Sandinista despojó a los nicaragüenses de la lucha por la liberación de la dictadura somocista. Se vanguardizaron, ellos no llegaban ni a dos mil combatientes, pero se robaron la causa que enarbolaron, acapararon la lucha del pueblo nicaragüense y trataron de imponernos un modelo socialista, comunista, una copia de Cuba. 

Las imposiciones se generalizaron en el campo. No sólo fue en un municipio o en un departamento, (los sandinistas) comenzaron a chocar con el campesinado cuando les quitaron la producción, cuando no les pagaban, cuando ponían los precios que el Estado quería. No había competencia, si (los productores) querían vender era a un precio impuesto. 

Ese fue uno de los problemas a nivel nacional: imponer una revolución importada a un campesinado que (a pesar que tuvo integrantes en el FSLN que combatieron contra la dictadura somocista), estaba acostumbrado a llevar una vida pasiva, tranquila, trabajando y viviendo en paz, se creó un descontento capaz de inspirarles a luchar por su libertad. 

Fue un choque con la gente de la ciudad, idealistas que vendieron una idea de cambio total a un campesinado que no creyó en una revolución que les estaba quitando su modelo de vida y (por eso) los empezaron a reprimir, a verlos como enemigos. Por eso nació la contrarrevolución.

Debemos partir de que el campesino nació libre, el campesino hoy podía estar aquí y en seis meses o siete años él andaba libre en la Nicaragua rural. El campesino era como nómada, yo recuerdo cuando llegué a El Cuá, la frontera agrícola llegaba un poquito delante de Bocay (poblado vecino), no había la presión por la tierra. 

Cuando hablamos de comunismo nos referimos a un modelo violador de los derechos humanos, no hay libertad de pensamiento, no hay derecho a disentir, eso era lo que hacía el sandinismo.

¿Usted afirma que fue el campesino del norte, el primero que identificó el plan del sandinismo de convertir al país en una nación comunista?

Fue el sector campesino el que identificó rápidamente lo que se venía. Desde un inicio el sandinismo mandaba el mensaje que, si no pensaban como ellos, te mataban. En el plano político ellos hablaban de pluralismo, todo un discurso que es doble. Ellos toman el poder con todo el apoyo popular porque era el combate a la dictadura, pero después empiezan con otra cosa. Eso ha sido una constante dentro del sandinismo.

El sandinismo mantenía dos discursos, uno para el exterior que afirmaban que el pueblo de Nicaragua había encontrado el paraíso perdido y otra realidad vivía la población cuando comenzaron a imponerle a la gente un pensamiento uniforme, a no permitirles disentir y con eso inicia un proceso de eliminación de quien no está con la revolución. 

Tenían gente en cada municipio encargada de asesinar. En El Cuá estaba Miguelito Castro, que hace unos meses murió, fue uno de los asesinos más crueles junto con Narciso Herrera, esos aniquilaron cantidades de campesinos identificados como reaccionarios o contrarrevolucionarios; en Pantasma tenían a un hombre de apellido Barquero.

En Wiwilí, a uno que le dicen Pedro Navaja, en Siuna (el poblado minero a 300 kilómetros de Managua de) tenían a uno conocido como Duarte, tenían sus sicarios bajo la dirección del Ministerio del Interior, ellos actuaban con impunidad, descaradamente. Eran los tipos más crueles y sanguinarios que había en cada municipio, eran los “ojos y oídos de la revolución”, era gente que estaba subordinada a los comandantes de la dirección del FSLN, Tomás Borge y Luis Carrión.  (De estos, ninguno fue juzgado por sus crímenes. Miguel Castro y Barquero se convirtieron en pastores evangélicos). No fueron a la cárcel, no pagaron nada, no hubo investigación de todas las atrocidades que cometieron por todo el país. 

Los medios de comunicación de entonces no daban cobertura sobre estos asesinatos ni quién los cometía en una Nicaragua controlada por la censura desde el gobierno sandinista. Pero, ahí están las fosas comunes. Este es un tema pendiente. 

Durante el gobierno de Violeta Barrios (1990-1996), la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), al frente de Martha Patricia Baltodano, su fundadora, inició un proceso investigativo de fosas comunes y desaparecidos. 

Baltodano estuvo en Honduras capacitando a los contras sobre Derechos Humanos y comenzó a hacer un trabajo investigativo porque la gente llegaba con la denuncia de que su pariente había sido capturado y desaparecido y que nunca volvieron a saber nada más de él.

Baltodano, de manera clandestina, encontró los restos de personas asesinadas, pero ella fue amenazada por funcionarios del gobierno del Ministerio de Gobernación durante la presidencia de Barrios. 

Le dijeron que lo que ella estaba haciendo no contribuía a la reconciliación de los nicaragüenses y se tuvo que ir, ella estaba de profesora en la Universidad de Loyola, en California. 

¿Se puede afirmar que los partidos de la Unión Nacional Opositora (UNO) que tomaron el poder a la cabeza de Violeta Barrios de Chamorro en 1990, asentaron las estructuras de seguridad creadas por el FSLN durante los 10 años de revolución?

La victoria electoral de Barrios fue como que alguien se saca la lotería y no sabe qué hacer con el dinero, ganó el Gobierno, pero no lo supo administrar y el sandinismo sabía qué hacer, ellos diseñaron una estrategia. Primero, quedarse con todos los bienes que tenían hasta el momento, con las leyes 85 y 86, las casas piñateadas (robadas); segundo, quedarse con el poder real: las armas y la Corte Suprema de Justicia.

No hay duda que hubo un intento, con el gobierno de Barrios, de institucionalizar y volverles profesionales a las instituciones militares y policiales, pero solamente fue el intento, ahora la Policía está totalmente politizada y partidarizada, el Ejército también, te vas a la Corte Suprema de Justicia y es igual. Ahí están todos esos (Seguridad del Estado) y solo obedecen a una llamada, la persona (común) llega a buscar justicia y no encuentra justicia, solo quien es afín a ellos (el sandinismo)”.

Y sí, volvemos al tema de ver a los contras como mercenarios, eso fue una campaña que diseñó el Frente Sandinista, nunca aceptó que había unos levantamientos genuinos, que estaban luchando contra ellos, siempre los magnificó (a la resistencia) como bandas o grupos delincuenciales, y que las demandas no eran políticas, sino que andaban matando, robando y violando. 

Recuerdo que el diario Barricada del FSLN aseguró el 13 de agosto de 1989 que el Ejército (Popular) Sandinista había matado al delincuente Luis Fley, en Rancho Grande, Matagalpa. Te hacían aparecer como delincuente. 

Recientemente fui a una presentación en la Universidad de Brown, en la que participó también Luis Carrión y cuenta que nos perseguían y trataban como mercenarios y los soldados se lo creían. Él mismo se hace un mea culpa, y se justifica de que estaban engañando al pueblo nicaragüense y es vergonzoso venir a decir eso después de cuarenta años, ¿y los muertos y las atrocidades que cometieron? (Actúan) como si no pasó nada.

Cuando ganó doña Violeta nosotros creímos que iba a poder desmontarse el engranaje de instituciones sandinistas. Fue solo un sueño. Hubo un caso que creó terror: el comandante Renato, fue un combatiente que no se vino a Nicaragua con la desmovilización de la contra. Él comenzó a cuestionar y sacó unas declaraciones en The New Herald (diario de Florida, Estados Unidos) desde Honduras, diciendo que el gobierno de la UNO había traicionado la lucha de los nicaragüenses, que no había cambios reales, que habíamos entregado las armas a cambio de nada y que había que seguir la lucha. A los pocos días apareció muerto en Honduras.

Franklin Galeano (jefe de la contra) dijo bien molesto por qué seguían los abusos, las barbaridades, los asesinatos a comandos de parte de los sandinistas, que el nuevo Gobierno nos había traicionado y que eso se arreglaba solo cuando volviéramos a tomar las armas, a los pocos días apareció muerto en un accidente de tránsito de origen sospechoso. 

El Gobierno permitió que el Ejército decidiera sobre cómo se reorganizaría en las nuevas condiciones. Se hicieron de la Seguridad del Estado y la incluyeron al órgano castrense. Lo dejaron así y nadie dijo nada.

Los expresidentes Óscar Arias de Costa Rica y Carlos Andrés Pérez de Venezuela recomendaron a Violeta Barrios que se deshiciera de la contra y del Ejército sandinista y comenzara con un nuevo orden de seguridad. No hicieron caso, nos quitaron las armas a nosotros, pero no se las quitaron a los otros, los dejaron al libre albedrío. Sí redujeron el Ejército sandinista, pero la esencia de lo más malo quedó en ese órgano militar. 

¿Usted ha afirmado que Estados Unidos cambió su estrategia de “lucha contra el comunismo” y por ello, los procesos de instalación de estos modelos ideológicos se han retomado en países como Nicaragua, luego de 16 años de democracia (1990- 2006)? 

A mediados de la década de los 90 Estados Unidos cambia su estrategia de lucha internacional hacia otros escenarios globales, ya no hacia la lucha contra el comunismo. 

En 1995 cuando ya supuestamente el comunismo había desaparecido, la cortina de hierro había caído y Estados Unidos era la potencia hegemónica del mundo, me invitaron a la Escuela de las Américas en Fort Benning en Georgia, en representación de Nicaragua, al proceso de estudio que duró un mes para presentar el diseño de la nueva estrategia que identificaba las nuevas amenazas que habían sobre los Estados Unidos: el fanatismo religioso en Oriente Medio, el terrorismo, el narcotráfico, la trata de personas, entre otras amenazas. El comunismo no era en aquel momento una amenaza, Cuba estaba reducida, Nicaragua en democracia, en Venezuela no había problemas, todo está bien, eso fue noviembre de 1995. 

Estados Unidos acordó que la estrategia de la lucha armada iba a ser el último recurso que iban a utilizar los gobiernos en la defensa y que solo se recurriría en casos extremos a la presión diplomática. Acordaron que las armas no se van a usar en primera instancia a como se hizo en Grenada o en Panamá con la administración de Ronald Reagan (1981-1989), sino que será el último recurso cuando la cuestión diplomática falle.

Si Estados Unidos les apoyó en el pasado a luchar en contra del autoritarismo sandinista, ¿por qué cree que ha sido permisivo con la administración de los 13 años que lleva gobernando el sandinista Daniel Ortega, luego de comprobársele acciones de crímenes de lesa humanidad durante su mandato? 

Estados Unidos no está interesado actualmente en el caso de Nicaragua. Confirma que parte de la diplomacia estadunidense, cree que desmontar el engranaje estatal controlado por el sandinismo hay que hacerlo a largo plazo. Yo no lo veo viable. Aquí necesitamos un gobierno que se ponga firme para realizar los ingentes cambios que el país necesita.

Algunos en Estados Unidos afirman que la situación política del actual mandato de Daniel Ortega nada tiene que ver con el sandinismo del pasado, pero eso no es cierto. El sandinismo y orteguismo es lo mismo. La situación de Nicaragua solo la podría cambian un Gobierno nuevo, decidido, dispuesto a correr riesgos, porque los sandinistas son capaces de matar a quien intente hacer cambios profundos en el Estado.

La unidad de todos los sectores no solo es para sacar a Ortega del poder, aquí también hay que reducir la Corte Suprema de Justicia y despolitizarla, el Consejo Supremo Electoral hay que eliminarlo y crear un Instituto Electoral; la Contraloría hay que reducirla y despartidizarla. 

Es necesario desmontar el sistema que creó el sandinismo. Aquí no habrá democracia real y verdadera si no se hacen los cambios necesarios y urgentes. Vamos a estar en manos de chantajistas. Esa es la amenaza. Aquí no solo es quitarle la presidencia a Daniel Ortega, es desmontar todo el sistema.

Y aunque nosotros luchamos en contra de lo que se instaló como Estado en favor de un partido como es el FSLN, no logramos ni antes ni ahora los objetivos que nos movieron a la lucha. La lucha de los campesinos es una lucha genuina, nacida de los abusos, de la represión, de las violaciones de los derechos humanos, nosotros no salimos a pelear por defender alguna ideología, no había una ideología definida, era nuestra libertad la que estaba en juego, el derecho de movernos libremente por nuestro país, de comprar o hacer con nuestras vidas lo que quisiéramos. Aquí el régimen del sandinismo-comunismo nos quitó esos derechos, el derecho a escoger a nuestros gobernantes, a que el pueblo escogiera en unas elecciones libres a sus gobernantes.

Los asesinatos a líderes y miembros de la contra no han parado desde que firmaron la paz con el sandinismo. ¿A qué se debe que no haya justicia y las muertes de campesinos sigan de parte del Estado, sea este gobernado por el FSLN o por otros partidos democráticos?

Los asesinatos a contras no han parado en los últimos 30 años, no hemos podido documentar a cuántos ascienden. Unos dicen 600, otros dicen mil. Hay asesinatos de contras, pero no documentados. Hay un problema: se confió en las instituciones, en el (ya fallecido) cardenal Miguel Obando, que encabezó la Comisión de Paz y Reconciliación y no hizo nada, solo tomar un presupuesto. 

Se confió en la Organización de Estados Americanos (OEA), se terminó su período y no hizo nada. Mataron a los contras y no pasó nada. Hay un informe de la Comisión Tripartita que se creó en los años noventa integrado por la OEA, el Ministerio de Gobernación y el cardenal Obando y Bravo, en este se señala quiénes son los culpables de los asesinatos y la barbarie cometida con los contras y sus familias y nadie se sentó en el banquillo de los acusados para que respondieran por sus crímenes, nadie. 

El sandinismo se ha encargado de dividir a la clase política, de corromperla, a los evangélicos los ha convertido en asalariados y a la iglesia católica también, tenemos a unos firmes y a otros que no ven nada y se convierten en cómplices. Deshacerse de eso es bastante difícil, simplemente el pueblo tiene en su momento que tomar una decisión y lo va a hacer, porque está viviendo en carne la represión que ya pasó (del campo) a la ciudad.

Aquí habrá justicia cuando realmente haya una Comisión de la Verdad independiente, asistida internacionalmente, donde no haya nicaragüenses intentando evadir los señalamientos de violaciones a derechos humanos registrados en informes que fueron desaparecidos. Hay que saber dónde están y buscar a los responsables y solamente así vamos a encontrar una verdadera justicia y la verdad de lo que ha pasado. 

Desde mi óptica aquí no se ha tocado el tema (de los crímenes a los contras) con profundidad, la política de reconciliación nacional de Barrios dejó sin aclarar nada, eso fue un error. Desde entonces, no han parado los asesinatos, el sandinismo sigue cometiendo las mismas violaciones de los derechos humanos igual que en los años ochenta y hay una impunidad total, ellos controlan todo y nadie los va investigar. Tienen licencia para matar.