Perfiles

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Se volvió rojo el ataúd plateado de Magaly Q.

Magaly Quintana Pereyra alcanzó un perfil muy alto, se convirtió en una personalidad, como se comprobó con la explosión informativa de este domingo ocurrida en las redes sociales y en los medios de comunicación tradicionales y ciber medios, que informaron su inesperada muerte a las 5:50 de la mañana, a los 67 años de edad.

Pero su funeral, esta mañana en el Cementerio General de Managua, no atrajo a multitudes, sino a sus amigas de las últimas décadas en los movimientos feministas y de mujeres, jóvenes de ambos sexos y de la diversidad sexual y algunos hombres. Entre música de marimba de arco, vivas a Nicaragua y “¡De que se van!, ¡Se van!”, bajó a la fosa su ataúd plateado que se tornó rojo a medida que le fueron cayendo encima rosas lanzadas por sus amistades, tomadas de las coronas que decenas de organizaciones y personas habían enviado a su velatorio.

Era un lago de ojos llorosos y miradas tristes. Muchas estaban a punto de estallar en llanto. Al mismo tiempo, había orgullo, porque Magaly alcanzó un estatus elevado como feminista, luchadora social, promotora del aborto seguro, denunciante sistemática de los feminicidios, colaboradora de niños y niñas de mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas, crítica de todos los abusos de poder y defensora en general de los derechos de la mujer.

Ayer tarde y noche, en una funeraria de la capital, fue velada por una multitud. Dos mujeres, entre ellas doña Ramona, abuelas de niños y niñas cuyas madres fueron asesinadas, recordaron su apoyo y dijeron que ella les enseñó a luchar por sus derechos.

Activista social desde los años setenta

Magaly fue activista del Frente Estudiantil Revolucionario (FER), de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), a inicios de los años setenta, y distribuía entre los medios de comunicación social comunicados sobre las acciones guerrilleras contra el somocismo. Participó en la lucha por la libertad de los reos políticos Chico Ramírez y Efraín Nortalwalton, estuvo en toma de iglesias y elaboraba mantas con leyendas anti dictatoriales.

En los años ochenta Magaly Quintana fue sancionada por la dirección de la Revolución Sandinista y enviada a Matagalpa, donde fue acogida por un grupo de mujeres con quienes organizó las primeras reflexiones sobre la izquierda machista de los años 80, fundó el primer colectivo feminista, y contribuyó a una Cartilla de alfabetización, así como a la organización de un movimiento de parteras de este departamento.

Magaly era una mujer muy libre, valiente, congruente con lo que pensaba, muy desprendida, nunca evadió sus responsabilidades, luchaba por la justicia social, se enfrentó a la dictadura de Somoza y a la de los Ortega-Murillo. Estaba muy arraigada con los más pobres, denunciaba las violaciones sexuales de niñas violadas, y comunicaba cada caso de mujeres víctimas de violencia.

Desde Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), organización que fundó, realizaba un monitoreo sistemático y riguroso de los feminicidios y en los últimos años se convirtió en el referente “oficial” para los medios de comunicación social que la consultaban con frecuencia al respecto.

“La teniente Quintana”

No era católica practicante Martha Magaly, pero concibió tal nombre para esta fundación, consciente de que el catolicismo era algo a lo que se aferraba la religiosidad popular en sus casos de dolor y pérdida, más en casos de feminicidios, que generalmente son atrocidades.

Su entrañable amiga Silvia Torres entrega parte de una semblanza sobre esta mujer cuya muerte ha estremecido a Nicaragua: “A la Maga se le conocía como la “teniente Quintana” en el año del triunfo sandinista. A esta mujer bella y luchadora le dieron baja deshonrosa en el primer año de la Revolución. La conocí en León en los años 70. Cuando llegué a la universidad, ella era de las vacas sagradas del movimiento estudiantil. Caminaba con parsimonia, vestía minifaldas a la orilla del calzón, actuaba en el Teatro Estudiantil Universitario y se movía dando órdenes durante las vigilias mientras hablaba en contra del alza de la leche y la gasolina o dando apoyo a las huelgas del Sindicato de Carpinteros, Albañiles, Armadores y Similares. Yo la miraba y decía: ¡Queeee revolucionaria!”.

Magaly contribuyó al diseño de una nueva estrategia para continuar impulsando en Nicaragua la lucha por los derechos reproductivos de las mujeres, en la que se contemplaba crear un Comité Promotor de la Interrupción del Embarazo por Causa de Salud, que logró recolectar más de cinco mil firmas e introducir a la Asamblea Nacional un proyecto de ley en este sentido, que el orteguismo engavetó.

Durante la última marcha que lograron realizar las mujeres, en el año 2016, salieron de las inmediaciones del colegio Teresiano y llegaron hasta la Fiscalía de Justicia, donde los antimotines les cerraron el paso con vallas de hierro. El numeroso contingente estaba encabezado por mujeres y seguido por hombres, todos fuertemente pertrechados.

Una inspiración en la lucha contra el orteguismo

Magaly se acercó a las mujeres de las tropas especiales y comenzó a hablarles, luego se subió a la valla y después se lanzó hacia el otro lado, junto a las antimotines. Una persona que la vio, así como a otra mujer que la acompañaba en ese lance, comentó la valentía de la Directora de Católicas por el Derecho a Decidir.

Ciertamente Magaly no verá el desenlace del estallido social de abril del 2018, pero se llevó la gran satisfacción de ver, nuevamente, brotar la rebeldía de la juventud, hecho al que seguramente ella contribuyó con sus aportes en diversas reivindicaciones sociales. No solo las feministas y las mujeres, sino también los jóvenes y gran parte de la ciudadanía, tienen en su memoria una gran inspiración en este contexto de lucha contra la dictadura orteguista.

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