Nuestra fuente llega puntual a la cita y accede a la publicación de la entrevista, con la única condición que su identidad permanezca anónima, porque después de trabajar casi una década en la Unidad Antidrogas de la Policía Nacional, las amenazas son constantes.

Su perfil habla de alguien que conoce el abecedario del narcomenudeo en Honduras, su experiencia laboral lo llevó a investigar toda la cadena de este negocio. Para él, se trata de la principal causa de los asesinatos en las ciudades más grandes del país; en sus manos tuvo cientos de expedientes de crímenes ligados a la distribución y venta de drogas.

Honduras ya no es solo un país de tráfico de drogas, cada vez se consume más. No hay cifras oficiales sobre los consumidores, pero por lo lucrativo que es el narcomenudeo, seguramente serían alarmantes. Para abastecer la demanda, en los últimos años se han observado modificaciones en los cultivos de muchas regiones del país, «a un campesino le sale cuatro veces más rentable sembrar una manzana de marihuana, que una manzana de café», explica este exagente.

El mercado interno es rentable y es comercializado bajo los códigos de las pandillas, quienes según esta fuente, han convertido al narcomenudeo en su principal ingreso.

Para él, se trata de la principal causa de los asesinatos en las ciudades más grandes del país; en sus manos tuvo cientos de expedientes de crímenes ligados a la distribución y venta de drogas.

Este expolicía argumenta con la propiedad de un analista, pero con un lenguaje propio de quien se mueve en las calles. En la cafetería saluda a un par de personas, pero aún así pide que se hable en voz baja, «porque en todos lados hay sapos», dice mientras ordena un jugo de naranja y come el segundo desayuno de su mañana.

Expediente Público (EP) ¿Qué patrón hay actualmente en el narcomenudeo?

El mismo patrón de Tegucigalpa se da a nivel nacional. Anteriormente la distribución de las drogas lo hacían los pushers (conocidos también como los camellos), los vendedores locales de un barrio o colonia. Ellos eran los jóvenes que tenían cierto liderazgo en sus calles, en sus barrios y que terminaron vendiendo la droga de una manera personalizada, dándose cuenta que era rentable vender unos 200 puros de marihuana al día. Pero desde el 2008, los pushers desaparecieron, ahora quienes manejan la venta y la distribución de las drogas son las pandillas, básicamente la Mara Salvatrucha y la 18.

EP: ¿Qué sucedió con los pushers?

Cuando las maras vieron la rentabilidad que tenían los pushers al vender drogas, los mataron para apropiarse de las plazas. Ellos tomaron el control de la distribución, de la venta, de la vigilancia, hasta convertir el narcomenudeo en la máxima fuente de ingreso de las pandillas. En pequeñas plazas hacen miles de lempiras al día vendiendo básicamente marihuana y piedra. En otras zonas como la San Miguel es venta loca, ese es el punto de venta más emblemático de la ciudad.

EP: ¿Por qué es emblemática la San Miguel para la venta?

La San Miguel es un sector con unas 32 colonias, y es la segunda zona más violenta de Tegucigalpa, la primera es la 3 de Mayo. La San Miguel es una zona marginal pero con poder adquisitivo, por ejemplo, cada casa tiene uno o más carros. Hay dinero. Ahí las postas policiales les han dado protección a los puntos de venta de drogas. En 2002 nosotros capturamos a unos 20 policías cómplices. Luego en 2007 esa misma posta sirvió para hacer un modelo supuestamente de «Policía Comunitaria». Lo que cambió es que ha bajado un poco la corrupción de lo policías, pero el problema persiste.

EP: ¿Cómo se da la distribución de las drogas?

A las seis de la mañana llega el distribuidor a dejar el producto, dependiendo la esquina deja unos 200 puros de marihuana, unos 100 de piedra y unas 50 líneas de coca. Y por la noche pasan a recoger el dinero de la venta. La gente en los barrios o en las colonias sabe quiénes son ellos, saben lo que venden, cuáles son los puntos de venta, pero nadie dice nada.

EP: ¿Y la venta?

La nueva modalidad es que utilizan las mototaxis para la venta a domicilio. La mayoría de esos medios de transporte son propiedad de los pandilleros. El comprador le da el dinero al mototaxista para que le traiga la droga, con una comisión de unos 30 lempiras, eso aleja aún más al consumidor del vendedor, no ocupás moverte, ni exponerte para comprar. Te dejan la droga a domicilio. Si yo pidiera que me la vinieran a dejar a este café, vendrían de inmediato.

EP: ¿Y cómo se vende la droga en las zonas de clase media y alta?

En esas zonas los compradores van o mandan a alguien a los puntos de venta en los barrios, o el vendedor se mueve a un lugar en común. Pero no es que va a haber un punto de venta en Las Lomas, desde ahí mandan a sus empleados a comprárselas. Es como en los centros de estudio, hace poco le hice un trabajo a una universidad privada, me llamaron porque notaron que había mucho consumo de droga en los estudiantes y eso se reflejaba en una disminución del rendimiento académico. Yo hice una investigación y los doblé a todos, encontré una red de cipotes que distribuían la droga que conseguían con un contacto en un barrio y convirtieron la universidad en su plaza.

EP: ¿Cómo se abre una plaza de venta de drogas?

Pongamos un ejemplo, digamos que en la 3 de Mayo la pandilla ubica un potencial punto de venta. Entonces colocan a alguien para que la afinque, ponen al más chingón, quien va a la pollera, a los billares, a los estancos, y empieza a regalarles mota y piedra a sus aleros. Cuando se riega la información de que hay droga, él se sale y deja a otros para que la vendan, a alguien de la colonia, no a un outsider. Una vez establecido el punto, las pandillas empiezan a proveerle las drogas.

EP: Entonces, ¿los pandilleros no la venden directamente, solo la distribuyen?

Ellos solo la distribuyen, quien la vende al consumidor son personas normales, me refiero a que no son precisamente pandilleros, no están tatuados, ni siquiera conocen bien a las personas que les mandan los productos.

EP: ¿Las pandillas tienen el control total del narcomenudeo?

Sí, ellos son los que venden la droga. Si los vendedores les quedan mal, los matan, si no venden todo el producto, les exigen mostrar la droga que no se ha vendido. Si la plaza tiene malas ventas, empiezan a preguntarse el porqué, mandan a los sapos a las zonas aledañas e identifican si hay otros vendedores que no sean de sus filas, les dicen “¿qué putas te pasa? Nosotros somos los encargados de vender en este punto”. Si no dejan de vender para otros, le pegan un tiro. Así funciona.

EP: ¿Cómo mantienen los pandilleros el control de sus puntos de venta?

Ellos tienen orejas en todas partes, hay gente que está «bandereando» en las entradas y salidas de las calles, en las escuelas, en los colegios, en los centros de salud, en los mercaditos, donde hay videojuegos, donde venden pollos, en los billares, en los salones de belleza, en los talleres mecánicos… eso les permite tener un control casi total de las personas que tienen acceso a una determinada colonia o barrio, tienen cooptada la zona en control. Ese es un mismo patrón en todo el país.

EP: Una pollera, un billar… ¿cómo los utilizan para la venta de drogas?

Les sirven como banderas, como cobertura a las pandillas, a los vendedores de las drogas. Imaginate un mercadito chino que tiene cámaras, es un lugar donde se pueden esconder y registrar los movimientos, donde pueden reunirse. Hay chicleras donde abajo tienen toda la droga.

EP: ¿Los vendedores tienen estrategias para incentivar el consumo?

No precisamente, a alguna gente le dan crédito o facilidades de compra. Ellos les venden solo a los conocidos o a quienes lleguen con alguien que ubican. Hay marihuana de diferentes calidades para diferentes clientes, tipo la de Colón, la de El Pedernal, la del Terrerito, que es muy cotizada porque se trata de plantas que han sido genéticamente modificadas.

Los precios más comunes rondan los 20 lempiras (con semilla, 30) para un puro, la piedra se vende a 50 y 100 lempiras. Cuando se hacen decomisos de plantas, la mota se pone cara. Últimamente ha estado normal porque hay mucha gente que se dedica a sembrarla, es muy rentable. El crack que se encuentra acá es lo más mortal que hay, es pesadísimo.

Las drogas sintéticas tienen otra modalidad y precios. Acá no hay laboratorios para producirlas, en Tegucigalpa hay cuatro lugares donde la venden y es cara. Por ejemplo, la molly cuesta unos mil lempiras.

A nadie obligan a consumir, la demanda es voluntaria y también alguien puede dejar de vender drogas, el problema es si los encuentran vendiendo para otros, a esos los matan. No hay vendedores independientes, sólo son las dos pandillas principales las que pueden hacerlo. Otras maras como la de Los Chirizos se dedican a otras cosas, a la extorsión. Con la marihuana la producción es abierta, pero la venta es cerrada.

EP: ¿Toda la marihuana que se vende se produce a nivel nacional?

Sí, prácticamente toda la que se distribuye se produce en Honduras. La piedra sí viene de Colombia, la cocaína también, pero ésta se vende poco porque es cara, cuesta unos 500 lempiras el gramo o 300 sí es de mala calidad.

EP: ¿Las pandillas se involucran en la siembra de la marihuana?

La siembra se da de manera tan natural, mucha gente en vez de sembrar maíz, siembra marihuana. Para las pandillas no es rentable producirla, es mejor distribuirla y venderla. Yo te puedo llevar donde 50 pequeños productores que la siembran, pero no hay un estudio oficial sobre la siembra de marihuana, la Policía no investiga las plantaciones, por eso yo proponía que creáramos una unidad especial para eso.

EP: ¿Cómo se ataca la producción y la venta de estas drogas?

En Honduras la Policía no tiene el interés para atacar al narcomenudeo, para alguien que está de jefe departamental le interesa más aparecer en los medios con 10 kilos de coca incautados que quemar 10 mil plantas de marihuana, porque lo que quiere es tomarse la foto para los periódicos, quedar bien con los políticos, que el subcomisionado le dé un pergamino y le suba el perfil.

EP: ¿Los narcotraficantes se involucran en el narcomenudeo?

No, a ellos no les interesa. ¿Usted cree que a alguien como los Valle les interesaba tener control en la distribución de la marihuana, cuando tenían el negocio de traficar cocaína a Estados Unidos? No.

En cuanto a la coca, acá hay algunos que la siembran, pero el país no tiene las condiciones idóneas para sembrarla, hay cuatro factores para hacerlo: la salinidad, la altura, la humedad y la parte solar. Acá no se dan todas estas condiciones de clima o de suelo. Generalmente una planta cultivada en Bolivia o Perú mide un metro y medio, acá no te pasa de 80 centímetros y además crece toda amarilla, aunque le metan químicos.

EP: Entonces, ¿qué relación tienen las pandillas con los narcotraficantes?

En casi un cien por ciento quién distribuye la drogas a nivel nacional son las maras, en el tráfico de drogas sí colaboran con los narcotraficantes. Por ejemplo, una droga que viene de Colombia aterriza en Corocito (en el departamento de Colón), a los pandilleros los pueden contratar para darle seguridad al trasiego de los paquetes hasta San Pedro Sula. Antes les pagaban con dinero, pero ahora les dan una parte del producto, depende el trabajo, pero les pueden dar un kilo de cocaína, que luego cuartean y lo venden en sus plazas.

Los pandillas no son operadores del narcotráfico, sino que les pagan con droga por el apoyo que les piden. No es que están matriculados con los carteles.

EP: ¿Qué tan rentable es para un pequeño productor sembrar marihuana?

A un campesino le sale cuatro veces más rentable sembrar una manzana de marihuana, que una manzana de café. El suelo nacional es idóneo para esa siembra, con mil metros de altura pueden sembrar manzanas enteras sin perder un tan solo palo y además no necesitan de químicos, porque el proceso es enteramente natural.

Un palo de mota mide un metro 70 centímetros de alto. Sí está bien cultivado, con un palo sacás unos dos mil puros, cada puro cuesta 20 lempiras, entonces por palo de marihuana te hacés unos 40 mi lempiras. Imaginate que una manzana da para 3,000 palos.

EP: ¿Cómo surge la violencia a partir del narcomenudeo?

Por mi experiencia laboral, el tema del narcomenudeo es la primera causa que genera violencia en las ciudades más grandes de Honduras. Te voy a poner un ejemplo reciente, ¿por qué mataron a los cuatro jóvenes en el Reparto? Porque se estaban peleando la plaza. Ahí hay venta de pollos, restaurantes de comida china, terminal de buses, de taxis, de mototaxis, mercados… esa es la plaza donde se genera el billete, la que se estaban disputando. Por eso los fueron a fumigar a todos.

EP: ¿Cómo se disputa una plaza?

Cuando a los jefes se les ocurre disputarse una plaza, toman la decisión y solo buscan a su gente, para eso tienen a sus soldados.

EP: ¿Muchos de los asesinatos de jóvenes se deben a este motivo?

La mayoría de la gente que muere es porque estaba involucrada en la venta de droga. Retomando el caso del Reparto, a los que mataron les «pusieron el dedo» (identificaron), ¿por qué a las personas que estaban al lado de ellos no las mataron? ¿A los que iban en el mototaxi? Solo les dispararon a los que estaban involucrados con la droga y que estaban peleando la plaza.

Por ejemplo, los que aparecen encostalados son los que se meten a cobrar renta ajena, los que venden droga a nombre de la mara y que dicen ser pandilleros y no lo son. Las mujeres encontradas en sacos muchas veces tienen relaciones con mareros, y se han metido en problemas. El símbolo de encostalarlos es para dejarlos como basura, para decir que no valen nada. Yo te puedo mencionar 50 casos de encostalados y los 50 estaban ligados a la venta de drogas. ¿Has visto alguna vez a un narcotraficante poderoso encostalado? Eso no pasa, no cabe dentro de la patología de la violencia.

En mi colonia había un maje que andaba asaltando, robando celulares y renteando a nombre de la mara, una chava que andaba con un pandillero le avisó… al tipo le pegaron tres balazos en la cabeza y lo tiraron a un basurero. Los pandilleros cuidan de que no haya ese tipo de conflictividad en sus zonas, porque eso les generaría inseguridad en la venta y en la distribución de la droga. Entre más calmado está, ellos están más tranquilos.

EP: ¿La Policía prioriza en la investigación de estos casos?

Depende, uno investiga si los familiares de la víctima están interesados en que se investigue. Por ejemplo, yo tenía unos 370 expedientes bajo mi investigación, si llegaba la madre del asesinado a preguntar, yo le daba prioridad a ese caso. Pero, ¿por qué debía interesarme por los muertos de quienes no se interesaban sus propios familiares? Ese es mi pensar, por qué me voy a preocupar por un hijue puta que ni su familia se preocupa. Eso ocurre en los homicidios ligados al crimen organizado, al tráfico de drogas. En los delitos sexuales es muy diferente, ahí la familia sí persiste.

Si se trata de un delito sexual, las familias apoyan en un cien por ciento, si es un asesinato culposo, colaboran en un cien por ciento, pero si el delito es por criminalidad, los familiares no aportan absolutamente nada. Yo lo que hacía era pedirles que me firmaran un acta donde dejaban claro que desistían a dar declaraciones y que no tenían interés en la investigación. Cuando venía mi jefe a presionarme para que avanzara con los casos, yo le mostraba el acta de los familiares de la víctima.

EP: ¿Y ahí se cerraba el caso?

No, los delitos contra la vida no se cierran ni prescriben, pero nadie más los volvía a investigar, quedan como «abiertos-cerrados», en pasivo, no se hace nada con ellos.

EP: ¿Cómo se ataca el narcomenudeo?

No se enfrenta como una política de Estado, a quienes dirigen la Secretaría de Seguridad les ha faltado visión para generar una estrategia contra el narcomenudeo. Capturan a personas porque es demasiada la producción y la venta, porque es demasiada la impunidad alrededor.

Desde hace un año se están haciendo algunos esfuerzos para investigar el narcomenudeo. Si fuera una política, no sería difícil atacarlo. El Estado tiene una cantidad exagerada de agencias antidrogas, pero ninguna trabaja mancomunada. Si yo fuera ministro de Seguridad haría una política a la cual le asignaría fondos, logística, recursos humanos, crearía una unidad especial contra el narcomenudeo. Esa unidad la dividiría por zonas e implementaría acciones por resultados a corto, mediano y largo plazo.

EP: ¿Hay policías involucrados directamente en el narcomenudeo?

La Policía saben de la cadena del narcomenudeo pero simplemente no actúan, no es que participen directamente. Si un subinspector gana 15 mil lempiras mensuales, cuánto le puede dar diariamente un vendedor de drogas de un punto cualquiera. Además el policía va con cuatro agentes más en la patrulla, tendría que dividirse todo ese dinero entre ellos, no es rentable, lo que hacen es hacerse de la vista gorda, pero porque no hay una política antinarcomenudeo. Aunque los policías saben dónde están los puntos de venta, lo ignoran. Hay hechos aislados, pero ahora no es como antes, hay veces lo que les piden a los vendedores es que les llenen el combustible de la patrulla.

El apoyo que ellos dan es de no meterse, es dejar hacer. Eso es apoyo, pero no es que venden directamente, yo nunca miré a un policía subido en el carro de un pandillero custodiando la droga, o a la inversa, simplemente es que la Policía sabe dónde está la venta de droga y no hacen nada. El apoyo es por negligencia.

EP: Por ejemplo, ¿un policía corrupto en Choloma no le saca provecho a la venta que se da allá?

En Choloma la venta de drogas no es el fuerte para un policía así. Allá lo que genera ganancias es el robo a las maquilas, el contrabando de ropa. Y eso está a la vista de todos, y muchos policías ganan dinero haciéndose de la vista gorda, en vez de pedirle a los contrabandistas las facturas de compras, sus declaraciones de impuestos, de importación, averiguar sus movimientos diarios. Eso es más rentable que irle a pedir la renta a un punto de droga cualquiera.

EP: ¿Hay mucho policía que es consumidor de drogas?

Sí, muchas veces les dan drogas como parte del apoyo de encubrimiento. Pero con la reforma policial ha bajado, ahora de unos 100 fulanos, unos 4 o 5 han de ser adictos, antes habrían sido unos 20.

EP: ¿No hay compromiso de los policías para combatir el narcomenudeo?

La mayoría son unos haraganes, con las capturas nadie quiere escribir los reportes, nadie es capaz de redactar un informe, de tomar notas para hacer un informe investigativo. Hace unos meses hice una inspección con seis policías en San Pedro Sula; ellos tardaron dos meses en hacer un informe de tres hojas. No les gusta hacer los procedimientos, que es de tomar declaraciones, tomar huellas, fotografías, llamar a los testigos, hacer un informe de revisión.

Hay una falta de compromiso de los policías, muchos solo pasan viendo televisión en las postas. Un policía no se vuelve policía para solucionar problemas, no porque tiene ese compromiso social de servir y proteger, están ahí por ganar un salario. Yo tengo como cuatro familiares menores de 25 años que se graduaron del colegio, luego estuvieron como un año sin trabajar y hace poco los cuatro se metieron a la Policía. En 11 meses ya eran policías, ganando un salario de unos 10 mil lempiras. Se metieron porque no encontraron trabajo, no por compromiso. No es como en otros países donde hay una filosofía de vida para ser policía.

EP: ¿Cómo se encuentra actualmente la Unidad Antidrogas?

Actualmente está fortalecida, hay más protocolos por el tema de los Derechos Humanos. Te voy a contar una experiencia, una vez andábamos con un agente de la DEA y con alguien de la CIA en Tocoa, íbamos furiosos a hacer investigaciones, entonces alguien nos dijo “a mi propiedad nadie entra, primero muerto antes que entren”, mi jefe sacó la pistola y le puso un balazo en la frente, lo ejecutó ahí mismo. Ahora hacés eso y te meten preso. El policía está más expuesto a lo mediático.

EP: ¿Hay protección para los policías honestos que combaten el narcotráfico y el narcomenudeo?

La Unidad Antidrogas no protege a los policías, no hay un mecanismo de protección. Por ejemplo, si alguien captura a un narcotraficante, en el juicio público se tiene que declarar dando la cara. Bajo esas condiciones nadie quiere llegar a juicio. Yo me salí de la unidad porque me iban a pagar el doble en otros espacios.

Yo participé en más de 380 capturas, ahí di la cara, por lo que recibí amenazas de todo tipo. Todavía las recibo. Pero yo camino relajado. Te voy a contar una anécdota, un día capturamos a un maje que mató un cipote, cuando lo apresamos mis compañeros empezaron a golpearlo, yo no porque a mí nunca me llegó esa onda. A los tres años él se escapó de la cárcel. Un día yo estaba en el mall y el maje me fue a saludar a la mesa, “ajá compa, ¿cómo está?, me dijo. ¿Qué pedos, de dónde te conozco?, le contesté. Usted me dobló a mí, pero me escapé de la cárcel, pero no hay falla compa, usted fue el único que no me golpeó”. Si lo hubiera golpeado ahí mismo me hubiera matado, por eso yo les repito a los policías que cuando una persona está reducido a la impotencia, para qué golpearlo, más se expone uno.

 


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