Seguridada y Violencia

Bajo ninguna circunstancia los miembros pueden desertar; solo muertos pueden dejar la pandilla

SAN PEDRO SULA- Con mucha concentración y refinamiento llenaba las páginas con versos de la Biblia; cuando una brisa se coló por la celda, y para Javier, quien fue miembro de la Mara Salvatrucha en Honduras fue un soplo de frescura que lo hizo ponerse a rezar, seguidamente hizo una breve pausa para dar su testimonio.

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Seguridada y Violencia

Hijo de un pandillero asesinado hace 20 años, Jeison piensa que él también morirá como su padre. Lo expresa sin temor.

—Desde pequeño he tenido un sentimiento con la pandilla, me sentí bien al entrar porque la pandilla es amor y todo lo que uno no encuentra en la familia lo halla aquí, comentó a Expediente Público.

A sus 23 años de edad, tiene cuatro años de experiencia como paisa (colaborador) en la Mara 18 en San Pedro Sula. Su principal labor es vender drogas, un negocio controlado por las maras y las pandillas en Honduras desde el 2015.

Durante esta entrevista, Jeison colocó a un lado su mochila, donde guardaba tres libras y media de marihuana, distribuida en cigarros que vende entre 20 y 100 lempiras, dependiendo la calidad de la hierba.

Para los pandilleros, vender drogas es un trabajo.

—La pandilla me dio trabajo y una familia. Cuando uno va a pedir un empleo hay que llevar currículo y piden antecedentes penales y al ver que los llevamos manchados arman un enorme escándalo, de qué nos sirve dejar la pandilla si nadie nos va a contratar, —explicó Liam, otro pandillero con un año de experiencia que trabaja junto a Jeison.

Jeison niega que su agrupación obligue a otros jóvenes del barrio para ingresar a la pandilla, según él, cada persona entra de manera voluntaria, lo demás son «inventos» de la Policía para desprestigiarlos, dice. Dos de sus compañeros apoyan su argumento y cuentan su historia.

—Inicié por falta económica de la familia y aquí encontré el amor y cariño que no me daban mis padres. Me hablaron de la pandilla y decidí entrar; comencé vendiendo droga para ganar dinero y a ayudar a mis hermanos. En la pandilla somos una familia, una hermandad —comentó Jadiel, de 25 años, líder de una clica (zona controlada) en la Rivera Hernández, uno de los puntos con mayor venta de drogas en San Pedro Sula. 

Jeison y Liam intentan ascender dentro de la jerarquía de la pandilla, como lo ha hecho Jadiel, quien ya no se moja las manos vendiendo las drogas, esa es responsabilidad de los punteros, de los paisas.

—Hay varios niveles, se puede empezar desde puntero, escalando poco a poco hasta llegar a ser un soldado. Controlamos la venta de droga en casi toda la zona, aunque estamos por todos lados —detalla Jadiel.

El narcomenudeo y la extorsión son las principales actividades de las pandillas para ingresar fondos. De acuerdo con funcionarios del Ministerio Público, la venta de drogas al por menor ha crecido en los últimos años.

Combate

El director de la Agencia de Lucha Contra el Narcotráfico en la zona norte de Honduras, quien por razones de seguridad prefirió se ocultara su nombre, explicó que su estrategia se centra sobre todo en el seguimiento de los traficantes, más que de los vendedores nacionales, «atacamos el narcomenudeo en un 30%, este fenómeno afecta directamente a los vecinos, ellos dicen “a mí qué me importa que decomisen una tonelada si esa droga iba para Estados Unidos”. La gente quiere que capturen al que les vende droga a sus hijos».

La agencia captura a vendedores de drogas como Jeison o Liam, cuando logran recopilar medios probatorios que inculpan a los sospechosos, como videos o alguna otra prueba que sea irrefutable. Este trabajo lo realizan junto a la Policía Militar, quienes tienen mejor cobertura en los barrios y colonias conflictivas.

«De cada denuncia que obtenemos enviamos a agentes encubiertos para confirmar si allí venden droga, aunque los pandilleros no le venden la droga a cualquiera, ellos saben quiénes son los adictos. Tienen un control y estructura muy organizada», explica el director, quien además comentó que la Policía Militar recaba información pero la canalizan con ellos.

Falta de denuncias

De acuerdo con el funcionario, las denuncias son escasas porque generalmente los barrios son controlados por las maras y las pandillas, atemorizando a los vecinos. Aún así, a diario reciben de 10 a 15 denuncias. «A veces nos llamaban varias personas denunciando el mismo punto de venta. La incidencia era alta pero hubo una transición a partir de 2015, cuando las maras empezaron a tomar el control del narcomenudeo», acotó.

En 2015 las maras quitaron el control de la venta de droga a personas independientes que no tenían el respaldo de una organización. Ese año hubo un repunte de violencia en el todo el país, desatándose una guerra entre mareros, a través de disputas y desplazamientos hasta controlar ciertas zonas.

El director de la Agencia declaró que los pandilleros mataron a criminales de otros niveles e individuos que estaban en otra escala. Ahora nadie puede vender drogas si no se tiene el permiso de la mara, «si alguien vende por su cuenta los liquidan —señaló—, hay zonas por ejemplo el sector de La Rivera Hernández en las que no hemos podido entrar porque no podemos arriesgar el personal, incluso ha habido casos en los que nos han detenidos a agentes».

De acuerdo con el agente de seguridad, en San Pedro Sula, la Mara 13 es la que más territorios controla, como todas las colonias del sector de Cofradía, a diferencia de barrios como La Lempira, La Medina, La Concepción, La Sunsery, El Hipódromo y La Aurora, controlados por la Pandilla 18.

También hay sectores como Los Cármenes donde operan varias bandas como la 13, la 18, Los Aguacates y los Olanchanos. Para el oficial, esta última agrupación tiene una estructura bien organizada, siendo dueños de diversas agencias de seguridad en algunos barrios y colonias. Los Olanchanos también controlan la López Arellano, Cerrito Lindo y algunas zonas de la Rivera Hernández.

El narcomenudeo incluye el control de los mercados, los bordos y el centro de la ciudad. «En los mercados descubrimos que debajo de las verduras la mayoría de los vendedores ocultan marihuana y piedra crack en cantidades numerosas. El año pasado vino una mujer a pedir que le ayudáramos porque su hermano estaba detenido. Ella manifestó que vendía droga porque lo obligaron; también nos confesó que en los mercados los pandilleros nos tenían (a la Agencia) estudiados que cada tres meses hacíamos operativos y se preparaban, incluso descaradamente les tomaban fotos a nuestros carros», explicó.

Cultivo de marihuana

El agente detalló que la marihuana que vende Jeison o Liam en San Pedro Sula, generalmente se cultiva en la zona de El Merendón, a través de plantaciones financiadas por las mismas maras, quienes contratan a agricultores para su mantenimiento, pagándoles como jornaleros.

Además de El Merendón, la Agencia de Lucha Contra el Narcotráfico tiene conocimiento que en el departamento de Colón se cultiva la marihuana que también se vende en San Pedro Sula y en Nicaragua, donde no se produce en las mismas cantidades que en Honduras.

En el caso de Nicaragua que no la produce, la venta es más cara. «Aquí un carruco vale 20 lempiras y allá cuesta 60 lempiras», aclaró el oficial.

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Ricardo vende repuestos de carros en San Pedro Sula. Al terminar su jornada, se traslada al barrio Sunsery. En sus bolsillos lleva 200 lempiras para comprar un gramo de cocaína. Se detiene en una de las esquinas, los vendedores lo atienden en confianza, es un consumidor constante.

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