Según una investigación de la organización estadounidense Pew Research Center, Honduras es el país más protestante de América Latina, con el 41% de su población, y el segundo con la menor cantidad de católicos (46%). Del total de los eclesiásticos, el 60% reza diariamente, asiste a la iglesia semanalmente y considera que la religión es muy importante en su vida. Apenas uno de cada diez hondureños no tiene una afiliación religiosa.

La caída de la población católica ha sido tan radical que desde 1970 perdió el 47% de sus seguidores, la reducción más alta del continente. El 60% de los nuevos protestantes mencionó que se convirtieron porque «buscaban un mayor énfasis en la moralidad».

Otro informe realizado por la organización norteamericana, analiza precisamente el concepto religioso de lo moral sobre algunos asuntos societales. Los hallazgos perfilan las posiciones de 9 de cada 10 hondureños y esbozan a uno de los conservadurismos más fervientes del continente.

El 88% de los religiosos se opone a la legalización del aborto, el 95% la considera inmoral, el 47% desaprueba los anticonceptivos, el 65% cree que el adulterio también es inmoral, el 50% opina lo mismo sobre el divorcio y el 81% cree que las mujeres deben obedecer con disciplina a sus maridos. Son datos que detallan el comportamiento de los feligreses, pero sobre todo, evidencia la línea de sus iglesias.

Honduras es el país más protestante de América Latina, con el 41% de su población, y el segundo con la menor cantidad de católicos (46%). Apenas uno de cada diez hondureños no tiene una afiliación religiosa.

Además de las mujeres, la comunidad de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales (LGBTI) es uno de los grupos más perjudicados por este pensamiento dominante, ya que el 83% de la población religiosa objeta las bodas entre personas del mismo sexo y un 88% considera la homosexualidad como un comportamiento inmoral. Ambos porcentajes encabezan la lista a nivel latinoamericano.

Esta intolerancia sobre la comunidad LGBTI no es siempre pasiva, de acuerdo a una encuesta que realizó Expediente Público a 46 mujeres trans, las iglesias son señaladas como sus principales agresores, por encima de los agentes de la seguridad pública o de las pandillas, entre otros posibles actores.

Frente a este contexto, para Ana Ruth García, «lamentablemente Honduras es un país extremadamente religioso, digo lamentablemente porque la espiritualidad es liberadora, mientras lo religioso es dogmático y opresivo». Su comentario es inusual en el país, más si proviene de una pastora. Pero es el pensamiento de una mujer que practica el feminismo desde la fe, de una celebradora de la palabra en disidencia con las iglesias tradicionales.

Su despertar feminista

La oficina de Ana Ruth García no se encuentra en una iglesia, sino en una organización feminista. Dos escritorios atestan el ascético cubículo de esta pastora, quien comprometida por los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTI, cuestiona lo que llama el enfoque patriarcal de las religiones. 

«El rol de la mujer es precisamente un error filosófico en las religiones, al ver a la mujer solamente bajo su función reproductiva y doméstica. Su rol dentro de las iglesias fundamentalistas es súper tradicional y marca mucho hacia la subordinación. ¿Que sucede cuando la mujer se revela ante eso? No podés ser parte de la iglesia porque estás contradiciendo la doctrina y a la Biblia», comenta Ana Ruth, quien se crió en Comayagüela con un padre testigo de Jehová y una madre católica.

Cuando tenía 16 años, Ana Ruth se incorporó a la iglesia «Amor Viviente», donde se consideraba una fundamentalista, «porque no me despertaban el sentido de crítica y análisis, ya que era un centro muy jerárquico y dogmático». Su cambio llegó cuando la iglesia «Metodista Unida de Honduras» la becó por tres años para estudiar en la Universidad Bíblica Latinoamericana de Costa Rica, donde le hablaron sobre la teología de la liberación y el enfoque de género. Ahí aprendió que «la palabra de los pastores y de la Biblia no es infalible y que se debe de cuestionar todo».

Como defensora de los derechos humanos asegura que el contexto hostil del país frente a las mujeres y la diversidad sexual se refleja a lo interno de las instituciones religiosas, ella lo ha vivido. Tras su experiencia académica, Ana Ruth fue orillada a disidir de la agrupación religiosa, después de realizar una tesis sobre las relaciones de género y el poder en las iglesias.

«En la tesis yo cuestioné al trato de los pastores hacía las mujeres, las misoginias dentro de la iglesia. Cuando la presenté, el obispo me dijo “la felicito hermana, es increíble como trabajo académico, pero es una crítica fuerte hacía la iglesia, hacia nosotros los hombres, entonces vamos a continuar este camino pero por este año usted no será nombrada pastora”», comenta Ana Ruth, quien de niña aprendió a leer con la Biblia y fue bautizada a escondidas por su madre.

En el 2015 entró a la «Iglesia Ágape», donde encontró un centro más abierto en cuestiones de género, aunque «siempre se les dificulta nombrar a mujeres pastoras, pero es una iglesia con un compromiso social muy amplio, que camina con el pueblo», explica.

Como defensora de derechos humanos asegura que el contexto hostil del país frente a las mujeres y la diversidad sexual se refleja a lo interno de las instituciones religiosas, ella lo ha vivido

Hace tres años fundó las «Ecuménicas por el Derecho a Decidir», un grupo de mujeres de diferentes iglesias y religiones que decidieron organizarse para trabajar en contra de la desigualdad de género en Honduras. Una agrupación que tiene sus pares en países como México o Argentina.

La inclusión desde el evangelio

Preocupadas por el fenómeno de los femicidios, que durante el período entre el 2005 y el 2017, han sido asesinadas 5,348 mujeres, Ana Ruth y otras cuatro compañeras de la iglesia se sentaron para platicar sobre la violencia de género y decidieron organizar las «Ecuménicas por el Derecho a Decidir».

«Queríamos hacer una reelectura de todo lo que estaba sucediendo alrededor de los femicidios, de las violaciones, de los abusos, del aumento del embarazo en las adolescentes… y dijimos “no”, tenemos que hacer algo social desde la fe, queríamos trabajar sobre el daño que causa el fundamentalismo religioso en la sociedad», explica la pastora, quien ha logrado compatibilizar el feminismo bajo una plataforma espiritual.

El rol de la mujer es precisamente un error filosófico en las religiones, al ver a la mujer solamente bajo su función reproductiva y doméstica. Su rol dentro de las iglesias fundamentalistas es súper tradicional y marca mucho hacia la subordinación. ¿Que sucede cuando la mujer se revela ante eso? No podés ser parte de la iglesia porque estás contradiciendo la doctrina y a la biblia

Después de tres años de su fundación, el grupo ha realizado diversos esfuerzos para incidir en la legalización del aborto, por la defensa de los derechos de la comunidad LGBTI, en empoderar a mujeres dentro y fuera de las iglesias, y sobre todo, en promover un mensaje incluyente desde la espiritualidad, donde no se discrimina a nadie.

Por trabajar bajo este enfoque, el grupo ha recibido ataques de otras iglesias, quienes no aceptan que desde una perspectiva religiosa haya una posición más crítica y progresista frente a la realidad social. Incluso, interpusieron una denuncia ante la Secretaría de DDHH en contra del Cardenal Óscar Andrés Rodríguez, por apología al odio, luego que la máxima figura de la Iglesia Católica en Honduras dijera en 2017 que era «aberrante que el grupo se respaldara en Dios para despenalizar el aborto».

Mientras tanto, las «Ecuménicas por el Derecho a Decidir» siguen fortaleciendo sus convenios de cooperación con las organizaciones feministas y los grupos de la comunidad LGBTI.


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