El abogado Óscar Herrera era un opositor al gobierno del presidente Daniel Ortega en Nicaragua. Por su trabajo se sabía perseguido, temía por su vida. El pasado miércoles 3 de octubre conversó con Expediente Público, porque creía que al denunciar internacionalmente se protegería. Pero cuatro días después, un presunto paramilitar lo asesinó, disparándole directo al corazón.

Herrera vivía en Wiwilí, un municipio ubicado en el departamento de Jinotega, a 250 kilómetros al norte de Managua, en una zona golpeada por la guerra civil en los años ochenta. Como una continuidad de la barbarie, actualmente esta región enfrenta la represión estatal, por sus continuas protestas en contra del gobierno orteguista.

El abogado Herrera era el asesor legal de la alcaldía municipal de Wiwilí, presidida por la liberal Reyna Hernández, quien es acusada por el sandinismo de apoyar las protestas antigubernamentales, reprimidas violentamente desde mediados de julio en esa zona del país, dejando varias muertes sin investigar y la instalación de poderes paramilitares.

«Durante la protesta cívica, el gobierno empezó a distribuir AK-47 y fusiles a un cuerpo de paramilitares en Wiwilí», comentó el abogado, en la que fue su última entrevista. La denuncia de la existencia de esos grupos armados al margen de la Ley, ha sido admitida por el propio Daniel Ortega.

Persecución 

Herrera, de 40 años de edad, recibió a Expediente Público en su casa, donde vivía junto a su esposa. Su vivienda era modesta pero digna, como el barrio donde está ubicada. El abogado pidió sigilo con su identidad, pero en ningún momento vaciló al denunciar la violencia estatal que sufren en Wiwilí los opositores al gobierno, como una muestra de lo que ocurre a nivel nacional en Nicaragua.

Durante la entrevista habló sobre el recrudecimiento de la persecución política en Jinotega, donde el homicidio de un presunto paramilitar ha sido utilizado por el sandinismo para criminalizar a la alcaldesa Reyna Hernández y a otras familias históricamente opositoras a Ortega.

Actualmente la alcaldía la administra el vicealcalde, porque la alcaldesa ha tenido que ausentarse como medida de seguridad, después de ser inculpada por apoyar las manifestaciones. Además, las autoridades la involucran con el asesinato de Héctor Moreno, alias «El Pasmado», un supuesto paramilitar de la zona, a quien se le miraba con frecuencia manejando los carros de la Policía.

Un pacifista

Herrera también escribía literatura. Recientemente había terminado su segunda novela, que había titulado «Canta Clara». En varias ocasiones representó a su municipio en diferentes encuentros de escritores a nivel nacional.

El gremio de abogados, así como el de escritores y artistas jinoteganos, acudieron a su velorio. Ellos señalan a un paramilitar del lugar como el asesino de Herrera, a un «policía voluntario», como les llama el régimen de Ortega.

«Él ya había recibido amenazas de muerte, le habían dicho que hasta lo tenían en esas famosas listas rojas para matarlo, muchos de los funcionarios de la alcaldía y gente que estamos en contra del Gobierno estamos siendo amenazados», mencionó alguien quien como Herrera, prefirió ocultar su identidad por motivos de seguridad.

El abogado vivía en una zona donde la "solución" de los conflictos tiende a hacerse con las armas, pero él era un defensor de las protestas pacíficas, creía que la única forma para sacar al sandinismo del poder, sería a través de la vía electoral. «Quien arma a todos sus seguidores, quien les proporciona un arma para quitar una vida, no quiere paz», dijo Herrera, refiriéndose a Ortega.

«Faltan tres años para las elecciones, desgraciadamente van a ser muchos los muertos, habrá derramamiento de sangre, más exiliados; Daniel Ortega no está jugando. Él quisiera que todos los opositores o estuvieran muertos, o estuvieran presos o sumisos, que es lo que más le gusta, la sumisión», comentó durante la entrevista, la cual compartimos a continuación.

¿Bajo que situaciones se le acusó a su defendida, a la alcaldesa Reyna Hernández, de haber apoyado las movilizaciones y tranques en contra del régimen orteguista?

La situación política y social en Nicaragua está mal desde hace mucho tiempo. Los cuatro poderes del Estado (Legislativo, Judicial, Electoral y Ejecutivo) están completamente dominados por el presidente Daniel Ortega.

Durante el levantamiento popular iniciado en abril por estudiantes de Managua y extendido a todo el país por la instauración de la democracia y el pedido de justicia por los asesinatos perpetrados por la Policía, la población de Wiwilí se sumó también a esta lucha pacífica.

Cuando la protesta cívica era controlada con los tranques a nivel nacional, el gobierno, apoyado por la Policía, empezó a distribuir armas. A Wiwilí llevaron fusiles AK-47, escopetas y armaron desde el inicio de las protestas ciudadanas, a un cuerpo de paramilitares.

Desde hacía cuatro años, el Frente Sandinista, tenía entre sus seguidores a un joven llamado Héctor Moreno, apodado «El Pasmado», él provenía de una familia sandinista, muy reconocidos en Wiwilí. Él llegó a tener más poder en el municipio que la misma Policía.

Antes del conflicto, este personaje fue acusado del asesinato de cuatro ciudadanos muy respetados en el pueblo. Todos quedaron impunes y hubo para cada caso testigos que vieron como fueron exterminados por «El Pasmado». Las familias de estas víctimas, le señalan a él como causante de estas muertes, ellos pedían justicia, pero, ¿quién da justicia cuando no hay jueces que la impartan?; ¿cuándo no hay tribunales que la impartan?

A mediados de julio, el gobierno desmontó la protesta y los tranques de manera violenta. Hubo muertos y heridos. Posteriormente, empezó la represión para los protestantes. La alcaldesa y parte de la familia Montenegro, históricamente opositora al sandinismo, no fueron la excepción. Actualmente, tanto la funcionaria, como miembros de esta familia están huyendo ante la acusación gubernamental, por la muerte de «El Pasmado».

¿Quién asesinaría a este presunto paramilitar?

Se sospecha que ante el vacío de justicia, haya sido la misma Policía quién lo mató, pues no hay una versión oficial sobre el caso hasta el momento, más que la mentira que sacó la Policía en el Comunicado 111-2018, en el que señalan sin previas investigaciones, que fue Edgard Montenegro Centeno, quien es considerado por ellos como el mayor opositor que hay en Wiwilí.

A Edgard nadie lo conoce como un delincuente, él se sumó a la lucha, estuvo al frente de los tranques del Cuá. Es muy conocido, una persona que tiene carisma y una capacidad de organización enorme y el Frente Sandinista lo sabe, por lo que tienen que inventarle un proceso para dejarlo como prófugo de la justicia.

También apartando a «El Pasmado» la Policía recuperaba el poder, y el judicial recuperaba la autoridad, porque toda persona que tenía un problema a quien llamaban era a él, nadie buscaba a la Policía, si él quería usar la camioneta de la Policía sólo la buscaba y la manejaba.

Posteriormente, acusaron a la alcaldesa de ser cómplice de la familia Montenegro y con ello se vinieron problemas más grandes para ella, quien en la actualidad está siendo perseguida. La alcaldía está siendo administrada por el vicealcalde.

Se habla de más de 450 asesinatos, de más de 350 presos políticos, de miles de exiliados, de centenares de desaparecidos… ¿qué le depara el futuro al país bajo estas condiciones?

Desgraciadamente no se le ve una salida a esta situación. El Frente Sandinista nos ha querido llevar a una confrontación armada que es el terreno en donde mejor se maneja. Cuando sale del poder en 1990, se dedicó a hacer tranques, a hacer protestas con todas sus turbas, en las llamadas asonadas de los noventa, cuando gobernaba Violeta Barrios de Chamorro (1990-1996), electa después de la desmovilización de “la Contra”. Ella no pudo gobernar en paz.

Después, durante el gobierno de Arnoldo Alemán (1997-2001), quien cometió actos ilícitos, Daniel tenía el control del poder judicial, lo convirtió en un reo para luego firmar en 1998 el famoso pacto Ortega-Alemán.

¿Qué significó ese pacto para Nicaragua?

Con la firma de este pacto, ambos partidos se repartieron los poderes del Estado y suspendieron, con el control de ambos en la Asamblea Nacional y de la Corte Suprema, a otros partidos que habían surgido durante el gobierno de Violeta Chamorro.

Se instauró el bipartidismo. Posteriormente, el Frente Sandinista fue controlando y cooptando todo el Estado, ante el debilitamiento de Arnoldo Alemán acusado de corrupción y a quien nunca se le juzgó porque el sandinismo lo protegió como pago por haber firmado el pacto, con el cual tomó el control absoluto del poder en Nicaragua.

El gobierno de Daniel Ortega, habla de paz, amor, armonía e instauró un eslogan de ser un gobierno cristiano, socialista y solidario… ¿Qué piensa al respecto?

La paz que Daniel propaga, que él se llena la boca diciendo: amor, paz, vida, eso nunca ha sido una realidad. Por el actuar de Daniel Ortega históricamente yo no veo un escenario factible, posible, para un cambio radical para Nicaragua.

Nosotros los campesinos, la población, no tenemos la capacidad de sacarlos con armas, porque no las tenemos y lo que más tiene Daniel Ortega son armas y lo que menos tiene es amor a la vida para el prójimo.

¿Por qué cree que fracasó el Diálogo Nacional que se instaló el 21 de mayo con mediación de la iglesia católica?

Daniel Ortega aceptó ir a ese diálogo para buscar una salida al conflicto de abril, un mes después de iniciadas las protestas. Ese diálogo fue una farsa, fue una mentira que Ortega utilizó para organizar a sus hordas, para organizar a sus grupos paramilitares a nivel nacional.

Desde entonces prácticamente somos rehenes del orteguismo, la única manera de sacar a Daniel Ortega va a ser por la vía legal, es algo contradictorio, pero tendríamos que esperar las elecciones del 2021 y que pase lo de 1990, cuando hubo una unión, una alianza estratégica entre todos los sectores, incluso muchos militares votaron en los noventa en contra de Daniel Ortega y a favor de Doña Violeta porque ya no querían andar armados.

Según usted hay que esperar tres años, es mucho tiempo, ¿no?

Faltan tres años… desgraciadamente van a ser muchos los muertos, habrá derramamiento de sangre, muchos exiliados, Daniel Ortega no está jugando, y lo dijo Edén Pastora (conocido como el «Comandante Cero», ahora aliado de Ortega) quien es uno de sus secuaces más grande, dijo en un canal oficialista, que en cualquier país del mundo, el opositor o estaba muerto, preso o en el exilio. Con esa frase lo que están diciendo es: sí te quedas te mato, si no te mato te meto preso y si no andate.

La idea es llenarte de miedo, hay una campaña de miedo, porque no son capaces de matarnos a todos porque, no podrán exterminarnos a todos y ese miedo no lo podrán infundir a todos, no todos nos vamos a ir de Nicaragua, Daniel quisiera que todos los opositores o estuvieran muertos, o estuvieran presos o sumisos, que es lo que más le gusta, la sumisión.

Muerto el que se levanta mucho, preso el que habla más y en el exilio al que le logran infundir el miedo, pero en base a esa su famosa estrategia, si nosotros los nicaragüenses nos llenamos de coraje, de valor, yo les aseguro que en el 2021, con una unidad verdadera y con esa presión internacional que ha sido excelente, la mejor arma que tenemos los nicaragüenses es la presión internacional, se logrará derrotar a este régimen.

¿La protesta popular no sacará a Ortega del poder?

Hubo personas que en los tranques me decían que con los tranques sacarían a Ortega, yo le respondí que no, porque ese hombre es capaz de mandar a matar a la mitad de nicaragüenses, pero dejar el poder a la fuerza no lo va a dejar, con violencia no lo va a dejar.

No tenemos que sumarnos a una lucha de violencia. Deben seguir las protestas cívicas. El Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) también debe definir con quién está, ¿con Daniel Ortega o con el pueblo? ¿Quieren u cambio o quieren solamente sus propiedades que les han sido tomadas por afines al gobierno?

Para que haya un cambio todos esos factores tienen que coincidir en una sola vía, para que en el 2021 se dé un cambio democrático para el país.


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