El buen gobierno Tenso silencio en el Cua Castigo económico La desgracia de Wiwilí El valor de Pantasma


Silencioso terror norteño

Un recorrido por municipios del norte que históricamente han sido antisandinistas y que ahora viven bajo el asedio y el miedo estatal  Expecial – Violencia Estatal
Nicaragua

Describir el miedo es subjetivo. El miedo colectivo todavía más. Yo sentía un miedo tan íntimo y mudo como una mano que te aprieta el cuello hasta sentir que casi te asfixia. Con esta sensación, y sin pensarlo mucho, tomé el camino desde Matagalpa a El Cua, Jinotega, a 210 km, al norte de Managua.

El bus al que subimos en la parada del mercado Guanuca de Matagalpa era destartalado, como todos los que circulan los caminos rurales. Son de aquellos color amarillo que no sirvieron más para llevar a estudiantes de secundaria en Estados Unidos y fueron comprados en la Nicaragua de la postguerra (1990) para penetrar desastrosas carreteras que quedaron de aquellos años, y a pesar de que las vías han mejorado, continúan circulando como hace 29 años, en una de las zonas más productivas del país que recientemente ha cobrado notoriedad porque los hechos y asesinatos políticos relatados por los medios de comunicación, asustan al más valiente.

Lo bueno y lo nuevo de aquella enorme lata móvil eran las canastas de depósitos de basura que colgaban del viejo bus, cuyos cestos lo hacían ver como un espacio cívico dentro de su frío metal, donde la gente en lugar de tirar la basura por la ventana, la depositaba “en su lugar”.

Así es el norte: gente limpia, callada, amable, educada. Esta vez, yo sentía que todos los que viajábamos teníamos la sensación de miedo que hacía del silencio su muestra más palpable. En este ambiente de gente silenciosa los únicos ruidos eran la música estridente, que no entiendo cómo suben tanto sus decibeles  si contrasta con aquellos rostros rurales, dulces, retraídos y callados; y la voz imponente de un hombre mayor, de pie, recitando, igual que letanías, y sin que nadie le preguntara ni prestara atención, las bondades del gobierno sandinista y la necesidad de que la gente se quedara quieta sin provocar revueltas que atentaran contra “el bello país que estaba creando el presidente”.

Observaba todo lo que se movía en aquel viaje, guardada de mi miedo y de la responsabilidad de la seguridad de mi colega que acompañó este trabajo, quien con su lente clandestino, lograría las evidencias de lo que la gente vive y siente en aquella zona que suma más de 15 asesinatos por la sangrienta violencia estatal, desatada hace un año, a partir del levantamiento campesino de los municipios jinoteganos que no son gobernados por el sandinismo. De los ocho municipios de Jinotega, El Cua, Pantasma, Wiwilí y Yalí, son las alcaldías gobernadas por partidos opositores al oficialismo.

Estos pueblos jinoteganos se levantaron en apoyo a la lucha por la libertad y la democracia iniciada por los universitarios “autoconvocados” en Managua, León, y otras ciudades del pacífico y centro del país. Aquel fatídico abril del 2018, ha dejado en ellos también, muertos, presos, destrucción de infraestructura, incumplimiento en las transferencias de dinero a la que tienen derecho según la Ley de Municipios y un pánico latente entre la población, por oponerse a la represión desatada por el gobierno que encabeza Daniel Ortega del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, quien lleva 12 años como presidente y su esposa, Rosario Murillo, es la vicepresidenta, en un caso pocas veces visto en la región.

“Uno no puede hablar, no puede opinar. Es más, uno corre el riesgo si hacen pública está esta grabación de que me linchen porque yo viajo, vivo en una comunidad y voy pidiéndole a Dios que me guarde”, nos dijo en su entrevista un concejal de El Cua del partido Ciudadanos por la Democracia, CXL.

 El pánico generalizado no es para menos. Desde que se desmontaron los tranques, como le llamaron a las barricadas levantadas por miembros del movimiento cívico Azul y Blanco, colores de la bandera nacional que ha sido el símbolo de la lucha contra el autoritarismo del sandinismo representado en una bandera roja y negra que significa libertad o muerte, en los empalmes de los tres municipios,  La Marañosa, en Wiwili; en La Frank Tijerino, de El Cua y en la entrada de Pantasma han asesinado al asesor legal de la alcaldía de Wiwilí, Óscar Herrera; la alcaldesa de ese municipio no puede despachar en su localidad por amenazas contra su vida; también se han registrado asesinatos selectivos contra miembros de familias identificadas como Azul y Blanco; el edificio de la Alcaldía de El Cua fue quemado y el alcalde de ese municipio, Isidro Irías, fue atacado con arma de fuego en una carretera por cuatro encapuchados; mientras que a la defensora de derechos humanos del poblado le fue atacada, con armas caseras, su casa; otra medida ha sido desarmar a todos los campesinos y autoridades que portaban armas legalmente y mantener a parapoliciales custodiando comunidades y barrios urbanos en estos tres municipios. El asedio gubernamental no deja ningún resquicio descubierto. 

“El gobierno desarmó a todas las personas que tenían sus armas de manera legal en el municipio por lo que la delincuencia ha aumentado drásticamente. Los parapoliciales (gente civil armada por el gobierno sandinista) permanecen en las comunidades: Kilambé, Yaosca, El Bosque y Corral, de El Cua”, denuncia para Expediente Público, Marina Blandón, responsable del Centro Cristiano de Derechos Humanos de esa localidad.
“Hemos suspendido las denuncias de violaciones a los derechos humanos porque la mayoría son de abusos gubernamentales y tanto la Procuraduría como la Policía son del gobierno”, expresa Blandón.

El buen gobierno

El bus se detuvo en El Tuma (Matagalpa). Se bajó gente que dejó el automotor medio vacío. El vocero de las bondades del sandinismo se sentó justo en el asiento delante del mío y, como siguiendo un instinto cómplice, se le sentó al lado un hombre de aspecto urbano, “un managua”, como dicen en el norte.

A los pocos minutos, los dos hombres hablaban amenamente. El citadino le mostraba, desde su celular, unas fotos del nuevo estadio de béisbol de Managua, una estructura cuyo costó alcanzó 36 millones de dólares, utilizándola después como cárcel de manifestantes y que alojó también a francotiradores que desde allí dispararon y mataron a los universitarios que protestaron a partir de abril, según han denunciado distintos medios de comunicación nacionales. El “managua” le mostraba orgulloso tomas del juego amistoso entre Nicaragua y Puerto Rico, que recién se celebró como una fiesta gubernamental para que la gente retornara a la “normalidad” que el gobierno pretende instalar en el imaginario nacional a pesar de los cientos de presos políticos encarcelados y de las decenas de muertos que dejaron las protestas.

El hombre de campo, que miraba con admiración las fotos mostradas, con asombro, le dijo: ¿Y usted estuvo allí? A lo que el otro respondió orgulloso que sí y agregó que “este estadio no tiene nada que envidiarle al mejor de cualquier país desarrollado”.

La plática entre ambos sobre las bondades del gobierno, en aquel bus silencioso, continuaba sin parar. Mientras, el hombre rural mostraba al managua las paradas de buses con asientos pintados de colores chillantes y, llegando a la parada de La Dalia, le decía: “Mire, ¡Qué belleza lo que ha hecho nuestro gobierno!”.

Mientras escuchaba este diálogo, no pude resistir la tentación de grabar lo que decía el señor rural, así que saqué mi celular y con disimulo lo puse con la carátula hacia abajo, sobre el espaldar de su asiento, que en estos buses viejos tienen el ancho como de una mesa. No estaba segura de grabar la plática por el ruido estridente de la música, pero capté parte de lo que decía sobre el conflicto político en la zona que resume de alguna manera, la mirada de los sandinistas.

“Allá en Waslala y en Río Blanco, habían tranques (municipios de Matagalpa), les pagaban trescientos pesos, les pasaban guaro y drogas, y ahora son puros angelitos que pintaron de azul y blanco y andan lanzando morterazos (armas caseras). Ajá, ¿y al que quemaron?, era el hijo de Bernardino Díaz Ochoa (líder campesino asesinado por la dictadura de Somoza) Y en Matagalpa, el hijo de Amada Pineda (militante sandinista)… habían personas de reales (dinero) detrás, porque ellos contrataron vandálicos de Guatemala, El Salvador. Aquí fregaron a la misma gente. Eso fue una estupidez…” fueron algunas de las frases grabadas por mi teléfono clandestino.

Curiosamente, es la misma versión que ha repetido el gobierno a través de sus medios oficialistas sobre algunos de los hechos violentos orquestados por el oficialismo. Una característica de las versiones oficiales es la tergiversación. Estos asesinatos de hombres mayores de 50 años, que el gobierno achaca a los del movimiento Azul y Blanco, son hijos de mujeres campesinas sandinistas del norte. Por una de esas muertes tienen presos a dos excombatientes sandinistas que participaron del movimiento cívico de Matagalpa, ciudad vecina a Jinotega. Por cierto, el relato está mal contado. El primer muerto que el sandinismo reclama fue un cuerpo que apareció quemado en Managua en una barricada de un barrio oriental, el 16 de junio del 2018, y el segundo, fue muerto de un disparo durante una manifestación en la ciudad de Matagalpa, el 14 de agosto de 2018. El relato invierte las historias. Igual pasó con los 22 policías muertos que reclama el gobierno como parte de sus víctimas, sin que a ninguno se les haya practicado autopsia para determinar las causas y armas utilizadas en sus decesos. En ninguno de estos casos se conoce que haya alguna investigación adelantada.

Sentía que alguien me miraba y retiré sutilmente mi celular con la satisfacción de que algo había grabado de aquella plática. Giré mi vista hacia arriba y vi a un joven de pie que me hizo una seña hacia los dos hombres, es un gesto muy particular que hacemos los nicas: una especie de mueca que señala con la boca en dirección al objetivo y al unísono se mueve la cabeza de un lado a otro en señal de negación, de incredulidad. Es un gesto que solo entre nicas entendemos y que quiere decir algo así como: “escuche las grandes mentiras que van diciendo”. Según algunos historiadores esta expresión surgió en la época de la dictadura de Somoza, como había tanta represión y no se podía hablar, la gente acudía al gesto mudo para conspirar en silencio contra aquel régimen.

Volvimos a lo mismo, pensé: a indicar con señas lo que no podemos decir con palabras. En el largo camino que duró el viaje, más de tres horas hasta su destino, nadie contradijo ni respondió al hombre que parecía vocero del gobierno. Era un miedo mudo, y al mismo tiempo consciente, desconfiado. Nadie decía nada. El camino y su topografía fueron cambiando y después de dejar el departamento de Matagalpa, nos adentramos en la frescura silenciosa de la montaña jinotegana, ya sin tener que escuchar el monólogo del “portavoz oficial” que se bajó junto al “managua” en La Dalia.

No sé por qué pero la sensación inicial de miedo se fue transformando en tranquilidad cuando solo quedamos unos pocos que teníamos como destino El Cua. Tal vez para tantear el ánimo, pregunté al joven que iba a mi lado algo sobre la situación social y política de la zona y me evadió respondiendo con un comentario sobre la hora a la que llegaría el bus al Cua. Ni cuenta me di cuando se cambió de lugar. Pensé: va a ser difícil que la gente hable. Aquí se tiene que venir con contactos para conseguir testimonios sobre lo que ha pasado o confiar en tu instinto para dar con la gente indicada que quiera hablar.

“Aquí pasan muchas cosas. Por decirle algo, me comentaba un líder de una comunidad que dos chavalos estaban viendo Canal 10 (uno de los dos únicos canales de televisión no oficialista que quedan en el país) y unos paramilitares los apalearon (golpearon) por eso. Es tremendo el asedio. Las armas que se han tenido legales, se han quitado, sin darles ningún papel como respaldo. Es bastante difícil, queremos pedirle a la comunidad internacional que venga a constatar información de todas las violaciones a las instituciones que tenemos para que se den cuenta de cómo se vive en esta zona”, denuncia el concejal opositor de El Cua.

La violenta respuesta gubernamental, después del levantamiento popular por pedir democracia al gobierno de Ortega, ha dejado, a nivel nacional, además -de los 325 muertos, registrados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) más de 700 presos políticos y desaparecidos que a la fecha no se han podido calcular, ha significado una acusación internacional a los gobernantes por crímenes de Lesa Humanidad.

“Lo que vivimos después de esta etapa de lucha del pueblo campesino, apoyando a los jóvenes estudiantes que iniciaron esto, es zozobra, porque es una lucha cívica la que se inició, y a partir de eso surgieron los paramilitares que han sembrado el terror en estos municipios. Hemos visto que muchas personas, principalmente los que estuvieron en los tranques, tuvieron que salir del país huyendo por la represión, por la persecución, porque en estos municipios, principalmente en Wiwilí, se han dado a raíz de estos hechos, doce asesinatos y tres en El Cua. Eso ha provocado el temor y la incertidumbre en la gente”, dijo a Expediente Público, Óscar Gadea, alcalde de Pantasma del partido CxL.

El terrorismo de Estado que se ha palpado en la actualidad en las ciudades, lo han vivido los campesinos del norte desde los años 80, cuando se levantaron en contra de la revolución sandinista, que por decreto y sin respetar la idiosincrasia del campesinado, pretendió un cambio radical para alcanzar la “justicia social” negada históricamente a los “más desposeídos”.

El sandinismo confiscó tierras, obligó a la gente a nutrir batallones militares para defender “la revolución” y después impuso el servicio militar y secuestró violentamente a los jóvenes del campo, entre otros abusos, lo que llevó a un descontento tan fuerte que miles de campesinos de esta zona tomaron las armas y se sumaron a la contrarrevolución, una agrupación político militar que inició con exguardias somocistas, entre 1932-1979, y exguerrilleros sandinistas, descontentos, que más tarde sería entrenada y financiada por el gobierno de Estados Unidos que encabezó Ronald Reagan entre1981-1989.

Ese sentimiento y pasado antisandinista de las zonas rurales del norte y centro del país, permanece intacto. Nunca el gobernante FSLN ha ganado una elección ni municipal ni nacional. Las pocas alcaldías que controla en la zona han sido acusadas de fraude o han resultado de negociaciones con los partidos opositores que, a través de pactos, le hacen el juego al sandinismo.

Tenso silencio en el Cua

El Cua es un pueblo rural próspero, de esos creados sin contemplar la estructura heredada de los españoles: plaza con su iglesia y parque en un área cuadrada, que hace de centro. El Cua es diferente, silencioso, pero movido con su principal calle comercial. Aquí no se siente el peso de la pobreza. Es una zona productiva rica en recursos naturales.

Sin más que nuestros celulares y después de un típico y delicioso desayuno norteño, salimos sin rumbo, a buscar quién nos explicara ese pánico silencioso que se percibía. Logramos hablar con comerciantes, una defensora de derechos humanos y un concejal del partido CxL, quien nos solicitó omitir su nombre.

Abordé a un comerciante y en su plática me dijo que efectivamente estaban aterrados y que él esperaba que se organizaran como sociedad para resistir la represión.  “Aquí por lo que siempre hemos luchado es por alcanzar la democracia. Queremos que se respeten las leyes, los derechos humanos de todos, que vivamos en paz”, dijo el comerciante, Crecencio Rayo.  

“La gente quiere organizarse para defenderse de la represión, pero sólo están en la intención porque la oposición como tal, en las comunidades no está organizada porque todos tienen pánico de tomar el liderazgo porque van sobre de él. Al inicio de las protestas, la primera casa que agredieron fue a mí, me volaron morteros, tiros de escopeta y piedras sobre mi casa”, comentó Blandón.

“Nosotros solo contamos con el potencial humano. Hemos estado viviendo una crisis sociopolítica, en el sentido de que hay represión solo para nuestros municipios pues sólo tenemos, y es la parte fundamental, el voto, la confianza de la población, contamos con la parte cívica, mientras que el partido de gobierno cuenta con las armas, cuenta con el poder, cuenta con un andamiaje estructural de varios años y ha venido sistemáticamente reprimiendo a la población, armando a gente sin autorización legal, ha venido reprimiendo al pueblo para que no marchen, para que no protesten de manera cívica. Estamos como el caracol debajo de la piedra”, expresó el concejal de CXL de El Cua

En enero de 2019, En El Cua se creó una Mesa de Diálogo para buscar salida a la crisis de violencia, que está compuesta por el alcalde, la vicealcaldesa, el párroco de la iglesia católica, el pastor de la iglesia evangélica, el jefe policial, dos concejales sandinistas y la representante de derechos humanos.

“La propuesta inicial del Centro Cristiano de Derechos Humanos se cumplió a medias, por ejemplo, lo que yo propuse en esta reunión fue de que se retiraran a los parapoliciales, si queríamos hablar de paz teníamos que crear un clima de paz y lo primero que tenían que hacer era desarmar a los parapoliciales, para crear un tipo de confianza. No hay todavía voluntad política, principalmente de las militares”, dijo Blandón.

Castigo económico

Una observa el movimiento económico de los poblados de El Cua y Santa María de Pantasma, distantes apenas 32 kilómetros uno del otro, pero, por falta de carretera directa entre ambos, se tienen que recorrer 75 kilómetros de caminos de tierra, un viaje que se alarga unas cinco horas. La falta de acceso por vías dignas ha sido el castigo del gobierno central para estos municipios que comparten fronteras, afinidades productivas y su antisandinismo. Las reducciones presupuestarias que por ley tienen derecho estos municipios ha sido una constante desde hace 12 años de gobierno sandinista, pero con la crisis política esta situación se ha agudizado y se les ha reducido hasta en un 50%, o más, lo que les corresponde.

Cuando una percibe la amabilidad de las personas, el movimiento de trabajo, gente de las comunidades rurales comprando en las tiendas, se piensa en lo injusto que es que éstos pueblos hayan vivido en constante zozobra, primero por la guerra de la contra y los sandinistas, y después, en tiempos de paz, por no elegir a los candidatos del partido gobernante.

“Nosotros tenemos seis años de ser castigados por no pertenecer a la línea política del gobierno, desde el 2013 y este año no hemos recibido ni un solo córdoba de las transferencias que nos corresponden por ley; pero, hay algo digno de elogiar y es que la gente ha confiado en este gobierno municipal y, pensando en el desarrollo de este municipio, ha estado anuente al pago de sus impuestos a pesar de la grave situación económica. La gente ha estado apoyando, ha estado aportando y en los proyectos hemos tenido el apoyo de la población. Los hacemos de manera mancomunada, Alcaldía y población, y de esa manera han visto que el municipio no ha caído en un letargo, sino que ha seguido su avance y su desarrollo”, expresó Óscar Gadea, alcalde de Pantasma.

“En la parte económica también hemos sido bastantes castigados, según ellos (el gobierno), para que la población nos vea como ineptos. Nos han quitado más del cincuenta por ciento de las transferencias municipales que vienen a través del Ministerio de Hacienda y Crédito Público. Ellos nos informaron que las transferencias serían reducidas. Por ley teníamos que recibir 68 millones de córdobas (equivalente a 2 millones de dólares) y nos dieron 29 millones de córdobas (879 mil dólares), de ahí, a mediados del año pasado, nos bajaron a 16,445,000 córdobas (498 mil dólares). Nos dimos cuenta incluso que a otros municipios como Bocay, municipio de Jinotega, les dieron el 100% de lo que les correspondía. En esa alcaldía el FSLN hizo fraude, pues hay más concejales del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y del partido Ciudadanos por la Libertad (CXL) que de ellos”, comentó el concejal de El Cua.

A la fecha, estos municipios han presentado los informes de manera exacta, según se desprenden de las entrevistas hechas en las alcaldías de los tres municipios y no han recibido las transferencias que les corresponden.

“Durante el levantamiento cívico quemaron parcialmente la Alcaldía, de hecho se miraba a simple vista como autodirigido por el gobierno porque la parte más estratégica donde hay documentaciones que pueden ser comprometedoras fueron quemadas: la oficina del alcalde, lo que es la parte de catastro, incluso ya se reportó al Ministerio de Hacienda y Crédito los casi 300,000 (equivalente a 9 mil dólares) que fueron extraídos del área Finanzas”, detalla el concejal de El Cua.

“Ante este terrorismo económico, la gente se ha mostrado comprensiva en cuanto a que no hemos iniciado los proyectos sociales previstos. No hemos podido arrancar con tantos proyectos como quizá se esperaban desde el comienzo que asumió apenas hace un año el alcalde opositor. La gente comprende la situación y está al corriente de lo que hemos vivido, entonces en ese sentido nos sentimos respaldados”, añade.

Las escuelas y centros de salud de éstos municipios no se coordinan con las alcaldías, pues responden al gobierno central. Según coinciden los funcionarios consultados de las tres alcaldías, luego de la derrota del sandinismo en esos municipios en las elecciones municipales del 2017, el gobierno dio prebendas a las instituciones bajo su administración como el Ministerio de Salud, MINSA, Ministerio de Educación, MINED.

Cuando una escucha estos relatos, no puede creer que exista tanta maldad en poner a pelear a instituciones tan sensibles como la educación o la salud con sus gobiernos locales. “Vendieron la Aguadora (distribuidora de agua), que era propiedad de la Alcaldía de El Cua, unas tierras que estaban compradas, un centro escolar que está detrás de la Policía, y muchas cosas que se aprobaron con mayoría simple cuando la ley no permite eso, sino mayoría calificada", denuncian concejales opositores de ese municipio.

“En la actualidad el MINED ha tomado una represalia de boicotear nuestras actividades en las comunidades, les dicen a los maestros que los despedirán si nos prestan las aulas de clases a la hora que ya están desocupadas, para hacer reuniones de proyectos con las comunidades. Nos hacen hacer las reuniones afuera, en algunas partes porque les tienen temor, ya que los maestros manejan las llaves”, dijo el concejal de CxL.


La desgracia de Wiwilí

La Marañosa es un empalme que conecta a Wiwilí con varias comunidades. Fue noticia a nivel nacional por haberse ahí desmontado de manera violenta un tranque de protesta cívica. El miedo generado después de su desmontaje, ha dejado mudo a los comunitarios. A la fecha se sabe de los muertos ocasionados por el desmantelamiento, pero se desconoce el paradero de varios campesinos que participaron del mismo. Gente que pidió no citar sus nombres nos expresaron que por miedo a represalias y porque no hay dónde denunciar de manera imparcial a los desaparecidos, se hace difícil confirmar sus identidades. El tema de los desaparecidos es una pandemia nacional, se sabe que son centenares, pero nadie se atreve ni a denunciar a sus víctimas. También se especula que en Wiwilí hay fosas comunes.

El conductor que nos llevó de Pantasma a Wiwilí, se mostraba orgulloso de que por fin, la carretera que conduce a éste último municipio fuera asfaltada recientemente. El viaje duraría dijo, una hora, en tan buena carretera que dista de Managua 239.5 kilómetros al norte. Los primeros 10 kilómetros fueron realmente buenos, pero luego la carretera desapareció y dio lugar a un camino pedregoso y polvoriento como cualquier camino de difícil acceso. No hay mantenimiento vial como castigo por el levantamiento cívico en contra del gobierno, pensé. Luego confirmé mi sospecha con la entrevista del funcionario local.

El camino se volvió tedioso y el paisaje, en poca distancia, pasa de lo montañoso de El Cua y las llanuras de Pantasma, al árido y caluroso Wiwilí. Así es esta zona, en fracciones de minutos, se ven montañas húmedas, pinares, pasando por caminos rocosos y desolados y de pronto tu mirada se posa en un enorme y limpio río para volver a ver una carretera polvosa. En ese momento es inevitable pensar en lo grande y feo que es Wiwilí. El conductor adivinó mi pensamiento y sin decir nada continuó por todo el pueblo hasta detenerse, al final donde termina el poblado urbano, frente al majestuoso e imponente Río Coco o Wanky, el más grande de Centroamérica que cubre más de 600 kilómetros entre Honduras y Nicaragua y que le ha regalado a Wiwili, Jinotega, parte de su caudal.

Nos quedamos perplejas de la belleza de esta parte del río. Era de un azul intenso y limpio como estar mar adentro. La alegría y algarabía de niños tirándose al agua, nos cambió el semblante que pasaba de lo triste y desolado de la carretera llena de baches y polvo a este oasis de color natural y alegría infantil. Queríamos cruzar en las pangas que como taxis en paradas urbanas se enfilan para llevar de un lado a otro del río a la gente de Wiwilí, que una vez fue uno solo pueblo y que ahora, con el sandinismo, se dividió en dos: Wiwili, Jinotega y Wiwili, Nueva Segovia, departamento fronterizo con Honduras. Es bastante ridículo. La división del río en dos, es lo que hace lindo a este poblado habitado a uno y otro lado por las mismas familias. La política ha trascendido hasta la geografía. El otro lado está bajo la administración del partido oficial.

Del recorrido a los tres municipios mencionados, Wiwilí, es el más castigado por su participación en el levantamiento cívico. Desde mediados del año pasado han asesinado a 12 personas, entre personal administrativo de la Alcaldía, pobladores y productores opositores de la zona. Su alcaldesa, Reyna Hernández no puede atender en su despacho por amenazas recibidas; el asesor legal, Óscar Herrera fue asesinado por un paramilitar; y otro funcionario de la alcaldía también pereció violentamente. Estas son las razones por las cuales, cuando llegamos a la Alcaldía, si bien fuimos atendidas por el vicealcalde, éste se mostró cauteloso durante el diálogo y nos dijo que únicamente hablaría de cuestiones administrativas.

“Desde un principio que nosotros asumimos la alcaldía de Wiwili, en enero del 2018 ya veníamos con un recorte presupuestario, luego de eso, a raíz de la situación socio política se dio un segundo recorte de aproximadamente cuatro millones de córdobas (121,212 dólares), quedando un presupuesto de treinta millones de córdobas inicialmente (909,000 dólares) pasó a 26 millones de córdobas (787,878 dólares), eso anualmente, ya para este año, de hecho  hay un tercer recorte automático por la misma situación actual y nos viene a quedar en veintiún millones seiscientos mil córdobas (654,654 dólares), ese es nuestro presupuesto, con eso más o menos sustentamos tanto la Alcaldía como la parte de los  proyectos”, dijo el vicealcalde, poniendo una barrera entre él y nosotras, pues dijo que los periodistas comprometían a las autoridades publicando lo que no les convenía a ello.

A pesar de su rechazo inicial y de aclararnos que no hablaría de política, el funcionario confirmó nuestra duda inicial cuando dijo “prácticamente sí se han detenido algunos proyectos con la reducción, porque en cada reducción que nos van anunciando tenemos que ir quitando proyectos, los que más están siendo afectados son los proyectos de caminos porque hemos estado priorizando lo que son las vías de penetración. Wiwilí es un municipio bastante extenso, bastante productivo y aquí el impacto se lo llevan los caminos, sólo nos quedamos con lo que son caminos principales y a los subprincipales los vamos dejando a un lado por los problemas presupuestarios, esto también conlleva a tener que detenernos en obras grandes como lo que es puentes, porque esta es una zona en la que hay bastantes ríos”.

Y reitera: “prácticamente la primer reducción como Alcaldía, antes del conflicto socio político pues se da por la parte meramente política porque esta Alcaldía sólo de transferencias para gastos de capital tenía un presupuesto anual cerca de los 90 millones de córdobas anualmente (2,727,272 dólares).

“Al ganar nuestro partido, que es partido de oposición, al partido oficialista que gobierna pues viene la reducción automática por la cuestión política, esa es la primera reducción y la primera justificación que se da. Los otros recortes ya son por los bajones económicos del país que nos han ido aplicando en porcentaje. Prácticamente es un recorte general a las 153 alcaldías de todo el país, lo único que nuestra Alcaldía lo sufre más porque de por sí ya teníamos un recorte presupuestario, entonces los recortes van impactando más en las alcaldías nuestras porque, de hecho ya se mantiene un monto más bajo al aplicárselo, porque aunque se lo apliquen a las otras alcaldías, las alcaldía del otro partido se mantienen, San José de Bocay, San Rafael del Norte, La Concordia no han sufrido mucho, entonces aquí quien viene a sufrir el recorte es Yalí, El Cuá, Wiwilí y Pantasma que son los más afectados, que son las cuatro alcaldías de oposición en este departamento”.

Los productores han estado pagando, dijo el funcionario. “De hecho nosotros el año pasado logramos superar la meta de recaudación. La política que hemos tenido como Alcaldía, es darle el mantenimiento a los caminos, pagar a los operarios y que la comunidad se encarga de hacerlo caminar, de aportar el combustible, de esa manera el recorte se ha venido enfrentando con el apoyo de la población”.

El funcionario dijo que la gente no quiere seguir en el lamento, por lo que esta anuente al pago de impuestos. “Este año llevamos más del cincuenta por ciento de recaudación de la meta propuesta y eso nos garantiza no paralizarnos como alcaldía y que a la gente le llegue algún proyecto, aunque sea pequeño. Observan que lo poco que viene de transferencia más lo que ellos pagan de impuestos se está devolviendo a la comunidad”, añadió

El valor de Pantasma

Santa María de Pantasma es un municipio antisandinista desde siempre. Aquí ni siquiera el sandinismo ha podido hacer fraude para hacerse del poder local. Nunca la han podido gobernar. Al igual que El Cua, es un pueblo próspero, no se ve pobreza, pero sí un movimiento de trabajo que da la impresión de nunca descansar. “A pesar de lo vivido y de la incertidumbre, los municipios seguimos luchando, seguimos caminando, usted ve aquí el movimiento de nuestros municipio que no ha sido afectado por muertes sino que nada más por personas que han sido detenidas y maltratadas en la cárcel”, dice el alcalde Gadea.

“Hemos tenido una cosecha buena de frijoles, de maíz, ahorita en apante y postrera, ojalá que estas cosas cambien y estas reformas fiscales (el gobierno central aumento el impuesto a todos los productos, incluyendo los de consumo básico) sean derogadas para que los productores puedan comprar sus insumos, sus semillas, para tener la capacidad para poder producir, y vayamos buscando un clima de estabilidad en estos municipios que son sumamente productivos, luchadores y trabajadores”, explicó.

“Por ejemplo, en Santa María de Pantasma, a pesar de los fraudes, los robos (electorales) nunca ha caído en manos del Frente, es una alcaldía que siempre ha estado en manos de la Democracia”, dijo con orgullo el funcionario.

El alcalde de Pantasma es muy popular y accesible. Minutos después de terminar la entrevista, abordamos un taxi local en el que iba de pasajero a dejar un documento a otra institución. Otra de sus características es que siempre aprovecha referirse al valor de su gente que peleó contra el sandinismo en los años 80 en aquel entonces y que por mucho tiempo estigmatizó negativamente a “la contra”.

“Yo siento que la verdad llega tarde o temprano. En la década de los ochenta cuando los campesinos nos enfrentamos a los asesinatos, a los crímenes, perpetrados por el sandinismo, la gente de las ciudades estaba tranquila, fresca, ni cuenta se dio de por qué luchábamos. Hoy en día es diferente, esos jóvenes, esos chavalos han despertado ese renacer por Nicaragua, por ver una Nicaragua libre, una Nicaragua en la que se respeten los derechos  de todos sus habitantes y hoy, ese mito negativo que tenían muchas personas, principalmente en  el Pacífico de “la contra”, hoy están viendo que la lucha libertaria de estos humildes campesinos tenía un valor incalculable y que aunque su lucha no fue apoyada en aquel entonces. Hoy, esa gente de las ciudades, esos jóvenes, se han dado cuenta de lo que nosotros vivimos con el sandinismo”, reflexionó Gadea.

“La lucha de los jóvenes ha sido respaldada por estos campesinos, porque sabemos que es el mismo enemigo, es el mismo dictador, son los mismos criminales de los ochenta los  que están en el gobierno, y si en aquel entonces luchamos sólo la gente del norte y del centro con un fusil en la mano, hoy que esta gente ya ha creado una conciencia del daño que han hecho estos desgobernantes de Nicaragua, nosotros  hemos estado ahí dándoles el espaldarazo porque nos sentimos contentos que la gente de las ciudades haya despertado  y que por fin vamos a tener, juntos todos, una Nicaragua verdaderamente libre”, concluyó  con emoción el alcalde norteño.

Todos los consultados en estos sufridos y productivos municipios campesinos, coinciden que el adelanto de las elecciones sería la salida política justa para la crisis profunda que vive el país con la instauración desde hace un año de un modelo de terrorismo de Estado.

“Creemos que la comunidad internacional y todos los nicaragüenses estamos deseando de que haya un adelanto de elecciones; un año más de este régimen y Nicaragua va a caer en un despeñadero. Aquí la situación económica, el temor de la gente, cada día se recrudece más y por lo tanto adelantar un año las elecciones sería beneficioso para Nicaragua, para que sea el pueblo quien decida quiénes serán sus gobernantes y que se trabaje de una manera limpia, transparente, donde tengamos cabida todos los nicaragüenses”, agregó.


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