El Observatorio Nacional de la Violencia (ONV) es el único ente especializado del país que estudia de forma sistemática y multidisciplinaria las muertes violentas de mujeres y femicidios ocurridas en Honduras. Antes de su apertura, estos crímenes se contabilizaban al azar, al tanteo y por error. No había datos únicos ni comprobables.

En el caso de las muertes violentas de mujeres y de los femicidios, los boletines que difunde el ONV no son simples recuentos estadísticos, sino evidencias irrefutables de la violencia de género que enfrentan las hondureñas.

El año pasado, el ONV informó del asesinato de 388 mujeres y niñas, para el 2016 reportó 468, la cifra más alta de toda América Latina. Estos registros son el resultado de un exhaustivo proceso de depuración de la información, donde cada crimen es argumentado y ampliamente documentado.

Cuando se analiza esta problemática, es imposible no acudir a sus publicaciones, las cuales son citadas científicamente a nivel mundial. Pero, ¿cómo llega el ONV a esos números?

Proceso

«Hacemos un proceso de validación, para el 2017 confrontamos los 388 casos con lo publicado en los medios de comunicación, con algunas de las organizaciones de mujeres y con las autoridades de seguridad e investigación. ¿Para qué? Si ellos nos dicen que son menos o más, pues que nos los comprueben», explicó Migdonia Ayestas a Expediente Público.

«Lo que hacemos es sentarnos y analizar caso por caso. Nuestra unidad de medida es la víctima. Analizamos nombre por nombre cada uno de los casos», comentó la académica.

Algunas de las organizaciones de mujeres también registran estos crímenes, pero lo que diferencia al ONV de los demás análisis -entre otros aspectos, es su metodología de validación. Un proceso a detalle que involucra a fuentes primarias y secundarias.

«Para nosotros la fuente primaria es el Estado. Cada una sirve para complementar los datos, Medicina Forense hace el análisis cadavérico y la autopsia; la Policía porque llegó a la escena del crimen, la DPI porque hace el proceso de investigación criminal, así como la ATIC», detalló Ayestas.

Otra variable que distingue el trabajo del ONV con respecto a los recuentos de las organizaciones de mujeres, es que diferencia las muertes violentas con los femicidios.

«Ese es un aporte que desarrollamos junto al movimiento de mujeres, la cooperación española y varias especialistas. Primero definimos qué es un femicidio. Entonces analizamos la base de las mujeres caso a caso. Se estudia la forma cruel e inhumana con que se le quitó la vida, quién lo hizo y las circunstancias a su alrededor. De acuerdo a las tipologías de los femicidios, diferenciamos si es una muerte violenta o un femicidio», explicó.

Análisis de las fuentes

Para el ONV, la fuente más confiable es la de Medicina Forense, pero esta instancia no cuenta con los recursos para tener una cobertura a nivel nacional, por lo que no todos los cuerpos son estudiados.

«Es que es un proceso legal, pero en Honduras las familias le pelean el cadáver al Estado, si ellos no quieren que le hagan la autopsia a la persona, no lo hacen», explicó la titular del ONV, quien destacó el aporte de las morgues móviles para el trabajo forense.

La Policía Nacional cuenta con una cobertura a nivel nacional, pero su investigación no levanta todas las variables que el ONV requiere para sus boletines. Y tampoco estudia todos los casos a profundidad.

En el caso de la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC), para el ONV, su mayor debilidad también es su falta de cobertura nacional. «Es un ente especializado en investigación, pero necesita más recursos humanos y técnicos para que se pueda desarrollar en todo el país», comentó la entrevistada.

Fuentes secundarias

El trabajo de validación incorpora fuentes secundarias, como los medios de comunicación, las organizaciones de mujeres, las de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (LGTBI) y también cuentan con un sistema de participación ciudadana, donde la gente puede informar sobre un crimen.

En el caso de los medios de comunicación, Ayestas estima que el 60% de las muertes de mujeres son difundidas a través de los periódicos, las radioemisoras y los canales de televisión. El resto no tiene un abordaje mediático.

Pero no por ser secundarias, estas fuentes son desestimables, ya que pueden llegar a subir un punto dentro de la tasa de las muertes violentas de mujeres y femicidios. En otras palabras, a través de ellas el registro puede aumentar unos 80 casos cada año.

¿Cómo es posible que estos 80 crímenes no se registren en las fuentes primarias? Para responder la pregunta, Ayestas considera varios elementos. «Una de las teorías, es los cambios en los turnos de las personas que están en los registros. También hay errores humanos. No creo que sea una estrategia del Estado para disminuir los casos», comentó.

El ONV no es un ente de investigación criminal, pero para argumentar cada caso, utiliza todas sus posibilidades para escudriñar las pruebas necesarias, para ello trabaja como una red con sus ocho Observatorios Regionales. A través de esta estructura, esta instancia tiene una mayor cobertura y puede acudir a los diferentes municipios donde probablemente ocurrió un crimen.

«Así nos damos cuenta de algunos casos. Muchas veces las familias no quieren hablar con las instituciones del Estado, entonces nosotros hacemos las investigaciones previas y se las notificamos al Estado, solicitando que se investiguen esos casos a fin de determinar si estos hechos fueron ciertos», dijo Migdonia Ayestas a Expediente Público.

Relaciones

En diversas ocasiones, algunas organizaciones feministas han criticado la relación profesional que tiene el ONV con la Secretaría de Seguridad, aduciendo que el trabajo del Observatorio legitima una supuesta manipulación de los datos oficiales.

Ayestas comentó a Expediente Público que estas críticas provienen porque algunas de las organizaciones feministas desconocen el método con el que trabaja el ONV, y además, porque detrás hay un trasfondo político, sobre todo reflejado en las posturas adquiridas por algunas feministas después del golpe de Estado de 2009.

«Yo he estado en reuniones con dirigentes de estas organizaciones, quienes me han dicho “el ONV tiene menos muertes violentas de mujeres que nosotras”. Como es un número lo que plantean, les pregunto “¿cuántos tienen usted? Si yo le digo que tenemos 89 más, ¿qué me dice usted?”. Evidenciamos que muchas veces ellas no tienen todos los datos», explicó la directora.

Cuando Ayestas habla sobre estas discordancias con algunos sectores del movimiento feminista, argumenta la objetividad académica del trabajo que realiza el Observatorio.

«Después del golpe de Estado no ha sido nada fácil por las posturas políticas, a ellas no les es fácil ser objetivas. Nosotros ganamos cuando evidenciamos una realidad y perdemos cuando no estamos cerca de esa realidad. Interlocutar con el Estado es importante», detalló.

A diferencia de lo que sugieren las críticas, Ayestas comentó que los boletines que publican impactan en los sectores oficiales, «a veces al Gobierno no le gusta lo que decimos, pero saben que nuestra información es objetiva. Las organizaciones de mujeres también con frecuencia nos piden información y nosotros tenemos la responsabilidad de dársela», acotó.


Secretaría de Seguridad

La relación profesional que tienen con la Secretaría de Seguridad ha sufrido altibajos en los últimos años. Hasta el punto que en el 2013, este ministerio interrumpió la transmisión de datos durante seis meses.

«En ese momento ellos creían tener un mejor método. El tema era disminuir la tasa de homicidios y para eso, hay varias formas de hacerlo. Eso llevó a la interrupción con la Secretaría de Seguridad, ellos se creyeron los dueños de la información. Es una línea muy fina entre el apoyo y la negación de los datos», dijo la investigadora.

Ese distanciamiento de los datos en 2013, llevó al ONV a acercarse más con la ciudadanía. También hubo oficiales de la Policía Nacional que colaboraron con la transmisión de la información, al margen de la orden de la Secretaría de Seguridad, en aquel entonces dirigida por Arturo Corrales.

«Eso nos permitió avanzar y tener más datos que el mismo Estado y proyectar una tasa más alta que la de ellos. Nosotros dijimos 79 y ellos 76 homicidios por cada 100 mil personas», recordó la directora sobre el incidente ocurrido en 2013.

 Manipulación de los datos

Para Ayestas, la Secretaría de Seguridad no puede manipular los datos de los crímenes, «a menos que ocurran en lugares tan pero tan remotos que no podamos comprobarlos. Pero si nosotros tenemos que ir a probar un hecho, vamos. Si tenemos que conseguir el acta de defunción, lo hacemos. Aunque ahí tenemos un problema, porque nosotros no tenemos una función de investigación, pero consideramos que el derecho a la vida es un derecho humano, por lo que tiene que haber un derecho de Estado para saber las causas de una pérdida».

El objetivo del ONV es contar con toda la información necesaria. Si esta es mayor a la que tiene inicialmente el Estado, y es comprobada, las fuentes oficiales deben incorporarla.

Otra crítica recurrente es que el Estado coloca muchas muertes como indeterminadas y no como homicidios. Para ello, el ONV estudia específicamente esta categoría, incorporando hace dos años a una especialista solo para estudiar esos casos.

«Las muertes indeterminadas siempre van a existir porque muchas veces las pruebas científicas no pueden determinar la causa y la manera de muerte. Nosotros nos hemos asociado con una organización norteamericana que nos da un fondo para establecer un protocolo de muertes por causalidad indeterminada. Para que no nos digan que una persona encontrada desmembrada, no es un homicidio», comentó.

Una muerte indeterminada refiere cuando no hay estudios o investigaciones suficientes que den cuenta de qué fue un homicidio. Cuando no se está seguro del motivo de muerte, el Estado debe seguir investigando, y un caso no cerrado se vuelve indeterminado.

Muertes indeterminadas de mujeres

Para determinar las muertes indeterminadas, hace dos años el ONV contrató a una médica para estudiar específicamente estos casos. Con una especialidad en criminalística, ella estudia las lesiones en el cuerpo de las mujeres y de las niñas, a partir de las autopsias.

«Cuando una mujer pierde la vida, las lesiones son más marcadas, en lugares específicos, mutilaciones, ese odio, ese ensañamiento, desprecio, ese abuso del poder es una evidencia. Eso es parte del patriarcado, donde el victimario se considera amo y señor del cuerpo de una mujer», explicó Ayestas.

El aumento de esta categoría se debe también al enfoque que tiene el Estado de Honduras para disminuir los homicidios, «todas las estrategias se dirigen en ese sentido, para no ser considerado como el país más violento. Entonces no se hace lo suficiente para reducir las demás categorías de muertes», comentó.

Una prueba de ello es que en 2016, si bien los homicidios bajaron 23 puntos, los suicidios aumentaron 30 puntos. «El tema de los suicidios no se aborda. Cuando hablamos de muerte, hay cuatro tipos: los homicidios, los suicidios, los eventos de tránsito y los accidentales. La estrategia de seguridad solo se enfoca en disminuir la tasa de homicidios y no en las otras».

La directora es clara, «pero no es que ponen homicidios en esas otras causas de muerte, es imposible incluir un desmembrado como un suicidio».

No obstante, para ella la reducción de los crímenes contra las mujeres no será sostenible porque el Estado no ataca las causas y los factores que hacen y promueven esta violencia, porque no se lleva a cabo un trabajo de prevención, sino de control.


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