En un día como hoy, hace 20 años, iniciaba el recuento de los daños provocados por el paso del huracán Mitch en Honduras, el cual se estacionó, avanzó y retrocedió, azotando al país por más de dos semanas en octubre de 1998.

Las cifras se confirmarían meses después: más de siete mil muertos, unos 11 mil desaparecidos, 80 poblados arrasados, 91 barrios y colonias destruidas en Tegucigalpa, 1.4 millones de damnificados, 2.1 millones de desplazados, el 70% de la red vial dañada, un 80% de reducción en la calidad de vida de la ciudadanía y una caída del 16.5% en el Índice de Desarrollo Humano (IDH).

La intensidad del huracán fue catalogada de 5.8 grados en la escala Saffir-Simpson, al alcanzar vientos con una velocidad de 360 kilómetros por hora, liberando cinco millones de litros de agua por hectárea. Se estima que en siete días, sobre Honduras cayó más agua que la que llueve en Francia durante un año.

Si bien el huracán Mitch es considerado como uno de los cuatro huracanes más potentes que han pasado por el Caribe en los últimos 200 años, este no fue la principal causa de las dimensiones de la catástrofe, «fue el riesgo, pero la verdadera amenaza fue la vulnerabilidad del país», opina Manuel Torres Calderón, un analista político hondureño, autor del libro «Huracán Mitch 1998-2003 retrato social de una tragedia natural».

Para este periodista independiente, sobre todo, el huracán Mitch desnudó el modelo económico y social que el Estado de Honduras había instalado a partir de 1990, «en ese año el país inició el modelo de ajuste neoliberal, el cual incluyó privatizaciones del sector público, desencadenando una mayor desigualdad; en 1990 el 56% de la población era pobre, en 1998 pasó al 69%», comenta Torres Calderón.

Defensa del modelo

A pesar que el Mitch tuvo características especiales sobre los más de 200 huracanes que se registraron en el Caribe durante el siglo XX, este periodista enfatiza en la defensa política del poder sobre el modelo económico que había dejado en «indefensión total» al país en 1998.

«Lo que volvió exponencial a este huracán fue la condición que encontró en Honduras», explica Manuel Torres, y pone como ejemplo el desmantelamiento que había sufrido la antigua Secretaría del Ambiente antes del desastre natural.

Actualmente ese ministerio pasó a llamarse como la Secretaría de Energía, Recursos Naturales, Ambiente y Minas o MIAMBIENTE, «nunca antes había tenido un nombre tan transparente, donde el medioambiente está por debajo o en igualdad de condiciones con la energía y la minería, como un mecanismo para justificar las políticas extractivistas imperantes», señala Torres Calderón.

Dos meses después del paso del huracán, los presidentes de la región se reunieron en El Salvador, donde concluyeron que su impacto no tenía nada que ver con el modelo económico, «acordaron que necesitaban más préstamos y anunciaron que no cambiarían las reglas del juego durante y después del proceso de recuperación», señala el analista.

Después del encuentro en El Salvador, los mandatarios se reunieron en Madrid y decidieron que los recursos provenientes de los préstamos internacionales se enfocarían en incentivar a la empresa privada, «el concepto de transformación se desligó de lo social para pasar solo al plano económico, beneficiando a los empresarios», acota Manuel Torres y recalca que el país, dos décadas después del Mitch, es aún más desigual por decisiones de esta índole.

Para el autor de uno de los pocos libros que se han escrito en Honduras sobre el Mitch, lo que siguió al huracán fue un proceso de recuperación nacional, cuando debió de haber sido una transformación nacional, «la ciudadanía hizo muchas propuestas, nunca había sido tan propositiva, pero no fueron tomadas en cuenta», señala.

Las caravanas y el Mitch

Veinte años después, Calderón hace un paralelo entre el huracán y las actuales caravanas de emigrantes hondureños que se dirigen hacia Estados Unidos, «estas migraciones tienen más que ver con el Mitch que con el golpe de Estado de 2009 o con las elecciones del año pasado», comenta.

Efectivamente, en Honduras, la emigración hacia Estados Unidos se disparó después del Mitch, desde noviembre de 1998. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en el 2008, el 81% del total de los hogares hondureños reportó tener uno o más miembros que se fueron al extranjero, los mayores contingentes salieron entre 1998 y 2005.

Como conclusión, este analista opina que en los 20 años después del Mitch ha habido un «lavado en la memoria colectiva, una intención política de blanquearla, bajo el objetivo de hablar muy poco sobre las condiciones políticas y económicas del modelo».


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